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Mosaico 91: Violencias y Terapia Familiar

Ya está aquí septiembre para comenzar un nuevo curso que nos brinda la oportunidad de retomar rutinas y plantearnos nuevos proyectos. Nuestra revista también tiene nuevas propuestas para este curso venidero. En la página vecina, nuestro presidente Jorge Gil, nos anuncia la consolidación de un plan de comunicación de la FEATF donde Mosaico también tendrá un papel relevante.

Este número que tienes entre manos trata de las violencias. Y en plural, como nos sugirió el coordinador de este monográfico, Raúl Gutiérrez, en sus primeros esbozos. Porque existen distintas violencias con sus múltiples aristas, con sus peculiaridades y, por supuesto, con sus distintas herramientas para cada una de ellas.

Violencias que siempre han acompañado a la humanidad desde el inicio de los tiempos, en todas las sociedades y en cada uno de los sistemas. La familia no es ajena a ello y la Terapia Familiar Sistémica siempre ha sido pionera en la investigación y en su intervención. Y este número es un buen reflejo de ello. El hogar, ese lugar donde tantas veces buscamos seguridad, puede volverse también espacio de dolor y de miedo. Desde la terapia familiar sistémica, nos sentimos interpelados a mirar de frente esta realidad para intervenir en los vínculos que puedan reparar lo que la violencia haya fracturado.

Como decíamos, en plural, porque se adentra en muchas de las formas en que la violencia se expresa y en cómo nuestro trabajo terapéutico puede transformarlo. Roberto Pereira, con doble contribución, junto a Terebel Jiménez, Andrés Lombás o Manuel Benedí, profundiza en la violencia filio-parental, su diagnóstico y abordaje. Violeta Lasheras nos recuerda las huellas en los hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género, mientras que Héctor Vergara matiza el fenómeno en tres dimensiones. Carmen Domingo, por su parte, nos lleva al inicio del vínculo: la parentalidad y la perinatalidad.

En sintonía con el enfoque del monográfico, este número amplía el foco con experiencias clínicas en contextos especialmente vulnerables: el sistema de protección a la infancia (Alba Calvo), el acogimiento y la adopción (Carlos Ceballos, Anna Catalán y Sabina Díaz), la terapia de pareja (Patricia Maguet y Pablo Quiroga), los Trastornos de conducta alimentaria (el programa Minerva con Marina Fàbrega y Juana Marina Trinidad) y la posvención con José M. Antón y Laura Antón, una conversación difícil y necesaria sobre la construcción familiar del suicidio.

También hay tiempo para la investigación con la contribución del equipo de Itxaso Santamaría y su Evaluación del funcionamiento familiar, a través del SCORE-15 en una Unidad Terapéutica-Educativa.

Finalizamos el monográfico con una deuda que teníamos desde el número 88. Ese número dedicamos el monográfico al Amor y Terapia Familiar, coincidiendo con el fallecimiento de Sue Johnson y donde realizamos un pequeño homenaje. En este número compartimos un segundo artículo – no publicado antes en español – de esta brillante autora gracias a la colaboración de Lola Fatás y del Centro Internacional para la Excelencia en Terapia Focalizada en las Emociones

Esperemos que disfrutéis de este número y que sea motivador para iniciar nuevas ideas y proyectos en este curso que comienza. Desde Mosaico queremos que este número sirva para sensibilizar en la prevención de las violencias, motivar a los profesionales a formarse y a la creación de programas de apoyo, donde las historias puedan reescribirse y las relaciones repararse.

No quería despedirme de todos vosotros sin animaros a participar en el VI Congreso Ibérico de Terapia Familiar, que se celebrará en Oporto los días 16, 17 y 18 de octubre. Será una magnífica oportunidad para compartir experiencias y fortalecer la red profesional de nuestra familia sistémica. Vemo-nos no Porto!

Sergio Siurana.

Director de Mosaico

Mosaico 89: Terapia familiar y prevención en salud mental

Desde tiempos de la pandemia hemos presenciado un incremento de los problemas de salud mental a nivel mundial y especialmente en la población infanto-juvenil (UNICEF, 2021 y OMS, 2022). Mayor prevalencia de malestar emocional, trastornos de ansiedad y depresión, con mayor incidencia de autolesiones e ideaciones y tentativas suicidas. Una de las causas podría ser haber sido desdeñar la prevención frente al tratamiento. La investigación en salud mental se ha centrado frecuentemente en la psicopatología y en su tratamiento como método para reducir los trastornos mentales, en lugar de disminuir su incidencia mediante la prevención. Es decir, hemos dedicado la mayor parte de nuestros recursos a conseguir dar el alta a los pacientes en lugar de reducir los ingresos de unos nuevos.

La familia es uno de los espacios donde se tiene que fundamentar un programa de prevención que se precie y, por ejemplo, las estrategias parentales protectoras deberían ser objetivo de intervenciones de promoción de la salud. Y así pensó el comité organizador del 43 CNTF que, brillantemente estuvo dedicado a la Terapia Familiar y a la prevención en salud mental y que, en palabras de su presidente José Soriano: “nuestra disciplina puede y debe jugar un papel importante en esta prevención y, yendo un poco más lejos, en la promoción de la salud mental en nuestra población”.

Durante los tres días de octubre que estuvimos en Barcelona, las reflexiones, conversaciones y reuniones giraron en torno a dicha prevención y al papel que los terapeutas familiares podemos y debemos tener al respecto. Javier Ortega dirige el monográfico dedicado al 43 CNTF y la selección de articulistas nos traslada de nuevo a ese espacio que nos enriqueció por sus ponentes y conferencias, al igual que al encuentro con antiguos y nuevos compañeros de viaje. Para el que no pudo estar presencialmente, esta revista le puede servir para tener un extracto del diálogo establecido y poder comprobar el éxito que fue este congreso, con más de 400 congresistas. Desde aquí, dar las gracias a la organización por su recibimiento y acompañamiento durante todo momento y a su esfuerzo para garantizar la calidad de todos los espacios.

Un Congreso que también fue la sede de la Asamblea anual de la FEATF que anunció que por mayoría en 13 de las 15 asociaciones y también por mayoría de las Escuelas: “Podrán acreditarse como psicoterapeuta familiar tod@s l@s profesionales con titulación psico-socio-sanitaria que hayan completado una formación acreditada en FEATF”. Una gran noticia para toda la familia sistémica que busca una regulación de la psicoterapia no excluyente y de calidad.

Dejo para el final unas líneas dedicadas a Emma Tomás. Después de varios años de dedicación y profesionalidad en el equipo de redacción de Mosaico, nos deja para dedicarse a otras labores profesionales. Quedó constancia en el acta de la Asamblea de octubre, pero también queremos que en la editorial del último número en el que participa, quede patente el agradecimiento de la FEATF y de Mosaico por su trabajo, su mirada crítica y su sensibilidad para que cada número de Mosaico tuviera la calidad que merece. Mosaico es y siempre será tu casa.

Y dar la bienvenida a Yaiza Delgado, nuevo miembro del equipo de redacción de Mosaico, perteneciente a la Asociación Canaria, que ya ha comenzado a participar en este nuevo número. Mucha suerte en tu nueva andadura.

Sergio Siurana

Director de Mosaico

Mosaico 88: Amor y Terapia Familiar

Llega septiembre y con ella el final del verano, los viajes de placer, las vacaciones, el descanso… Y volvemos a la rutina, al trabajo, a madrugar, a ponernos a dieta… Pero también vuelve Mosaico con su número 88. Un número que estamos seguros que no os decepcionará, ya que su monográfico está dedicado al nutriente fundamental de la familia: El amor. El amor es, quizá, el tema que ha generado más literatura en todas sus versiones y en Mosaico todavía no lo habíamos tratado en la profundidad que lo merece. Porque el amor en la Terapia Familiar siempre aparece de forma subyacente, tanto por su presencia como por su ausencia.

¿Se puede enfermar por falta de amor? ¿Cómo ha influido en las relaciones sexuales y en el amor la secularización de la sociedad? ¿E Internet y las redes sociales? ¿Cómo es la relación entre la muerte y el amor? Son preguntas que tendrán respuesta en este número. Como colofón de este monográfico dirigido con brillantez por Manuel Martín, tenemos que agradecer a Lola Fatás y al Centro Internacional para la Excelencia en Terapia Focalizada en las Emociones que nos haya permitido traducir al español uno de los más brillantes artículos de Sue Johnson para este monográfico. Hemos querido, así, brindar nuestro sentido homenaje a su reciente fallecimiento, como ya os anunciamos en el número anterior. Antes de dicho artículo, podréis encontrar el emocionante obituario escrito por Lola Fatás. Pero no solo de amor vive la Terapia Familiar y también encontraréis artículos de alta calidad científica que, seguro, os resultan muy interesantes venidos de diferentes lugares hispanohablantes como España, México y Chile. Temas tan actuales como las autolesiones, las adicciones, la depresión, la violencia de género y el uso en psicoterapia del árbol de la vida. Y para comenzar nuestra revista, el trabajo en red de nuestro Ricardo Ramos al que siempre nos alegramos de encontrarlo en nuestras páginas.

Cerramos el número con otro sentido homenaje de dos figuras de la terapeuta familiar portuguesa como son José Manuel Almeida e Costa, miembro fundador de la SPTF y de Elisabete Ferreira, que también fue presidenta de la SPTF. Joana Sequeira y Ana Gomes les realizan un merecido homenaje, reconociendo sus invaluables contribuciones a la Terapia Familiar. Queremos también que sirva esta editorial para recordar a Teresa Suárez que también nos dejó recientemente. Pionera de la Terapia Familiar en España, maestra de muchos de nosotros, referente en la salud mental comunitaria y miembro fundadora de AESFASHU, entre tantos y tantos méritos. DEP Por último y para acabar con buen sabor de boca, queremos recordar que pronto estaremos haciendo maletas para encontrarnos en un nuevo Congreso Nacional de Terapia Familiar. Este año nos veremos en Barcelona los días 24, 25 y 26 de octubre para reflexionar sobre un tema en el que la Terapia Familiar Sistémica tiene mucho que decir: la prevención en salud mental. Desde aquí os animamos a que participéis, tanto en la reflexión y el debate, como en volvernos a encontrar de forma presencial para seguir haciendo grande la familia sistémica.

Sergio Siurana. Director de Mosaico.

Mosaico 86: Monográfico: 42 Congreso Nacional de Terapia Familiar. Familias y organizaciones en canal: una vuelta a la sistémica

Este número 86 es un número especial. En primer lugar, es en papel, como lo son los Mosaicos dedicados a los CNTF. El papel sigue teniendo un valor simbólico y una sensación implícita que todavía no ha conseguido lo digital.

En segundo lugar, porque el de Valencia fue un congreso excepcional en todos los sentidos. En estas páginas encontraréis un pequeño testimonio de lo que allí vivimos y que puede llevar, al lector que no lo presenció, a intuir parte de aquella experiencia.

Y, en tercer lugar, por los cambios acontecidos en nuestra familia sistémica. Cambió la junta directiva presidida por Ana Caparrós y comenzó su andadura la presidencia de Jorge Gil -con su nuevo equipo- que os saluda en la página vecina. Gracias Ana y resto de junta por vuestro esfuerzo y dedicación, en unos años tan difíciles como fueron los de la pandemia. Cuando no podíamos estar juntos hicisteis lo inimaginable para que siguiéramos unidos.

También, ha cambiado la dirección de Mosaico. Es la primera vez que tengo la oportunidad de comunicarme a través de esta vía con todos vosotros y es un honor hacerlo en este número tan especial. Coordinadores de monográfico, equipo de redacción y articulistas, esperamos que lo disfrutéis tanto como nosotros lo hemos hecho mientras se gestaba el 86 de Mosaico. Consideramos que existen motivos más que suficientes para sumergirse en su lectura.

El monográfico, coordinado magníficamente por Emma Tomás, consigue que el lector de Mosaico pueda introducirse en ese canal inaugurado en el lema del 42CNTF para unir a familias, a organizaciones y a sistémicos.

En la sección de investigación encontramos el Repositorio de la FEATF, donde Alberto Zamanillo, nos presenta este proyecto que tanto promete. Y la sección Y más, nos sugiere con la idea macroscópica de “miserias” que, como dice Layo Abreu, es un concepto potente, relevante y que aquí lo podemos encontrar con su tono desenfadado e, incluso, con el humor que caracteriza a la comunidad de Macroscopio.

Y cerramos este número con la memoria de la FEATF. Roberto Pereira llega fiel

a su cita con el papel para recordarnos qué ocurría en nuestra querida Federación (y en Mosaico) hace 25 años. Podemos comprobar cómo hemos cambiado en algunas cosas y, en otras, tan poco como, por ejemplo, la cuestión de la psicoterapia que ya era un debate recurrente en 1998.

Como decía al inicio, todos los que hemos trabajado en este número nos hemos esforzado lo máximo para homenajear a Javier Ortega. Porque no podía acabar mi primera editorial para Mosaico sin referirme a Javier que, durante 15 años, ha sido el faro que ha guiado esta revista y la ha convertido en la casa acogedora que es para toda la familia sistémica.

Tuvo su merecido homenaje en la Asamblea de Valencia, pero es de justicia que también se lo realicemos en estas líneas, en su querida Mosaico. Javier Ortega, no solo ha sido un magnífico director y una excelente pluma, sino que ha conseguido que esta revista se haya convertido en un referente en el ámbito de la Terapia Familiar Sistémica. Su compromiso y dedicación han sido su sello de identidad y un maestro para todos los que hemos sido miembros en su equipo de dirección. Por ello, me siento honrado de continuar el legado dejado por Javier Ortega, sabiendo que sigue presente para que, en cualquier momento, nos aporte con su experiencia y buen hacer. Gracias, Javier.

Sergio Siurana.

Director de Mosaico.

Mosaico 79 (DIGITAL): Nuevas intervenciones con niños y adolescentes

Nos alegra saber que, cuando este número llegue a manos de los lectores, habremos celebrado el muy esperado XL Congreso Nacional de Terapia Familiar en Tenerife. Un Congreso que ha tenido este año un acento especial, como de inicio de una época nueva, de reencuentro y redescubrimiento, tras un aplazamiento forzado por unas circunstancias que hasta hace bien poco resultaban impensables. Ha tenido que ocurrir lo que está en mente de todos, formando parte de los nuevos hábitos que hemos debido adquirir a marchas forzadas, para caer en la cuenta de hasta qué punto vivíamos instalados en una certidumbre ilusoria, en la que dábamos tantas cosas por sentadas.

Si algo seguimos aprendiendo es que nada hay de definitivo y permanente en este mundo real que habitamos; ni siquiera la tierra permanece quieta bajo nuestros pies. Por fortuna, frente a estos avatares inesperados la inteligencia humana ha vuelto a demostrar que nuestra capacidad de adaptación y sobrevivencia es, pese a sus limitaciones, nuestra mejor herramienta compartida. Inteligencia emocional, inteligencia compasiva y también, por qué no, inteligencia comprensiva.

Así pues, resultó oportuno aprovechar esta ocasión para el reencuentro, y hacerlo bajo el paraguas de un título que, más que adecuado, ha sido casi profético. Pues nada fuerza a explorar más los límites de algo que el haber tenido que ponerlos a prueba. Y en ello estamos, explorando los límites de la terapia familiar. Porque solo será de esta forma como esos límites se expandirán, superando la zona de confort a la que nos acostumbraron los hábitos –también los terapéuticos-, y nos llevarán a explorar otras zonas y nuevos contextos, a los cuales deberemos adaptarnos para seguir siendo eficaces. El tiempo no se detiene y tampoco las circunstancias. La vida se transforma, a veces lentamente y otras, como estamos sufriendo en nuestras propias carnes ahora, rauda y a inesperada velocidad.

Es de sobras conocida la máxima ignaciana que nos aconseja que, en tiempos de tribulación, conviene no hacer mudanza. Estamos padeciendo algo así como un tiempo de tribulación, quizás parecido al que les tocó vivir a otros miles de seres humanos que nos precedieron en el pasado. En esta situación de incertidumbre en que nos encontramos, disponemos de un modelo, una epistemología y una mirada, esto es, un conjunto de conocimientos que nos ofrece la estabilidad y la seguridad que siempre se precisa cuando de explorar nuevos territorios se trata. Un campamento base, un lugar a donde volver y desde el cual partir de nuevo con seguridad. Vivir es permanecer cambiando, no sumergirse en el caos ni mantenerse imperturbable y agarrotado como un fósil. Ni vale hacer cualquier cosa ni tampoco vale hacer lo de siempre. Esto es lo que se empeña en enseñarnos la vida, humilde pero tercamente.

Y más allá del modelo, teóricamente potente, tenemos aún algo más importante, que debe guiar todos nuestros pasos terapéuticos: la relación, sin la cual no hay terapia –ni vida humana- que se salve. La relación, que nos imbrica y vincula con el resto de nuestros congéneres.

Es oportuno, pues, que quienes nos sentimos vocacionalmente inclinados al oficio de terapeuta, reflexionemos acerca de qué sea esa cosa tan singular a la cual dedicamos la vida, acompañando a las personas en su malestar y sufrimiento, y por qué lo hicimos y para hacer qué.

Javier Ortega Director de Mosaico

Mosaico 73(DIGITAL): Paradojas confusionales y paradojas liberadoras

Hemos vivido, justo es confesarlo aquí, una pequeña o gran crisis en el alumbramiento de este número tenéis (¿entre las manos?) a la vista, si entendemos como crisis el estado de un sistema en que un cambio es inminente, como señaló con fortuna Frank Pittman. Quienes tenemos una edad hemos visto crecer y cambiar a esta nuestra revista, de la mano de los directores cuyo recuerdo señalamos en nuestras contraportadillas y de cuantos con ellos colaboraron. Con aciertos y desaciertos, en Mosaico hemos asistido a su proceso de crecimiento, manteniendo a lo largo del tiempo una identidad que se transformaba, enriqueciéndose, con las numerosas aportaciones de tantos terapeutas como nos han acompañado a lo largo de los años. No tardaremos mucho en celebrar la publicación de los setenta y cinco números de la revista y de ahí el camino hacia los cien quedara expedito. Señal de la buena salud de la FEATF y del largo recorrido, ya, de su buque insignia.

No es sencillo acostumbrarse a los cambios porque somos animales de inercias y hábitos, que nos constituyen. El mundo en continuo devenir obtiene un cierto orden de nuestra capacidad para hacerlo previsible, como nos volvemos nosotros a fuerza de restringir nuestras posibilidades de actuación y aparecer de un modo parecido casi siempre ante los demás. Pero a esta estabilidad a duras penas conseguida le acompaña como pareja de baile el cambio inevitable, el crecimiento, la actualización de las infinitas potencias en que también nosotros consistimos. Aprendemos y, al hacerlo, cambiamos y crecemos. Ocurre lo mismo con los objetos que nos rodean y a los cuales nuestra mirada y nuestro uso llenan de vida. Conservamos lo mejor, pero nos desprendemos de la ganga, de lo que sobra, de lo que, al dejar atrás, nos permite permanecer siendo.

Hemos sido testigos de numerosos cambios. Las organizaciones son sistemas abiertos que se auto-organizan, crecen y se transforman. También FEATF lo hace. Cada nueva hornada de terapeutas que obtienen su acreditación trae consigo, como empujando, nuevas ideas y nuevas formas y nuevos caminos. Lo viejo y lo nuevo se encuentran en un punto y se intercambian información, conocimientos, usos y maneras. A veces, lo nuevo parece querer arrumbar lo viejo, como si todo ello estuviera obsoleto y ya nada de lo que se dijo entonces tu viera el menor valor. A veces, lo nuevo necesita una cierta perspectiva o profundidad, que, por fortuna, abunda en lo viejo. Nadie es imprescindible, pero todos somos necesarios. Porque traemos nuevas inquietudes que enriquecen y fecundan las viejas. Así ocurre con la renovación de los equipos directivos, como ocurrirá también en las próximas Jornadas Nacionales en Santiago.

Y como ha sucedido en nuestra emigración digital. Este es un cambio, también, con el que pretendemos mantener, sin embargo, los logros conseguidos y, por qué no, superarlos. Los que estemos o los que vayan a estar. No hay una razón tan sólo económica en esta migración, aunque no deja de ser una de las razones: nuestro esfuerzo por ahorrar gastos redundará en otros proyectos que FEATF podrá emprender gracias a este ahorro. La economía, pues, está detrás; pero, con todo y ser importante, no es la única razón. En estos momentos, Mosaico alcanza la cifra potencial de unos 2100 lectores, si sumamos alos socios de FEATF que la reciben el grupo hermano de la Sociedad Portuguesa de Terapia Familiar, y los suscriptores que, sin esas pertenencias tan vinculantes, están interesados en los contenidos de nuestra revista. Pero sabemos que el potencial de crecimiento de Mosaico podría ser mayor si nos lanzásemos a navegar en el proceloso mar de las redes sociales. Numerosos terapeutas en Latinoamérica y en algunos países de Europa nos piden que les abramos nuestras páginas o sienten curiosidad intelectual por sus contenidos. Nos une el mismo interés y la misma vocación. Por eso Mosaico se hace también ella digital, para seguir creciendo y cambiando, pero manteniéndose en lo que fue, ha sido y será. Iter facere.

Javier Ortega Allué. Director de Mosaico.

Mosaico 70: Intervenciones familiares y sistémicas en contextos sanitarios

Toda nuestra felicidad y toda nuestra miseria residen en un único punto: ¿a qué tipo de objeto estamos vinculados por el amor?

Baruch de Spinoza.

Cuando este número de Mosaico llegue a manos de nuestros lectores, estaremos a las puertas de celebrar el IV Congreso Ibérico de Terapia Familiar, evento científico y social que convocará a algunas de las voces más representativas de nuestro contexto cultural, para tratar algo que a todos nos concierne, siquiera que en alguna medida aproximada: Amor en tiempos de crisis. Desafíos a la pareja, a la familia y a la sociedad. ¿Cabría, pues, un título que prometiera más y permitiera observarnos desde un más idóneo punto de vista relacional? Pues el amor es, junto a la comunicación, la situación relacional por excelencia, el punto de fuga donde confluye nuestro entero ser humano, otorgándonos perspectiva y profundidad. Al final, decía san Agustín, se nos vendrá a examinar en el amor. Podríamos decir: se nos examinará en el modo como hemos aportado bienestar, felicidad, dicha o plenitud al mundo, a quienes nos rodean y envuelven, a los más próximos y cercanos. Cómo los hemos sostenido y acompañado mientras estuvimos a su lado. Echemos cuentas.

Amor y tiempo de crisis. Como si fuera posible existir sin el uno -el amor-, o extrañados y fuera del otro: ese tiempo de crisis que siempre se vislumbra acechándonos en la línea baja de nuestro horizonte vital. Como si pudiéramos vivir sin gozar de cierta plenitud o sin padecer alguna pérdida inexorable. Es el nuestro un tiempo de crisis, incierto y singular. Nada nuevo bajo el sol, pues así fueron todos los tiempos que vivió la humanidad, con breves excepciones. Un tiempo que, como otros anteriores, anhela certezas o seguridades, pero que sobre todo anhela a alguien que esté dispuesto a dárnoslas sin que hayamos de esforzarnos demasiado en buscarlas. Recetas, aunque sean de vuelo corto y nazcan aliquebradas. Certezas y dogmas para sobrevivir en un mundo imprevisible, ¡qué gran dislate! En esta época nuestra donde priva lo natural y genuino, andamos paradójicamente expectantes ante la posibilidad de que se descubra al fin esa pastilla o de ese algoritmo que nos hará felices por siempre con solo tomar la medicación o aplicar la fórmula matemática. De ahí la pertinencia del subtítulo de Congreso de Coimbra, una palabra que resume cientos: desafíos.

Pues, in nuce, la vida misma es un desafío, y vivir consiste en tener que ir afrontando sin seguridades últimas los retos que las circunstancias nos ponen al paso. Sabemos que no hay placer sin duelo ni fracaso, ni enamoramiento que no vaya acompañado de decepción cuando no es correspondido; sabemos, pues trabajamos con el sufrimiento, que no hay una dicha plena, ascendente y sin baches. Pensar lo contrario sería como si estuviéramos empeñados en obtener de golpe la cuadratura del círculo y creyésemos, además, que sería posible lograrla.

Conviene que nos recuerden, pues, que no hay vida sin su parte alícuota de desafío, de empeño o de reto, y que tales quebrantos tienen en la pareja, la familia o la misma sociedad el campo de batalla donde mediremos nuestras capacidades y competencias relacionales, nuestras estrategias y habilidades interpersonales. En suma, nuestra inteligencia relacional. Del Congreso de Coimbra tendremos noticias en breve porvenir. De la vida las tenemos constantes y actualizadas.

La vida es incertidumbre, dichosa y feliz incertidumbre. Y como dice el refrán, hasta el rabo todo es toro. Que nos embistan, pues, el amor y las crisis. Mejor una vida atenta y en peligro que una amodorrada y narcótica. ¡Que nadie, pues, se duerma!

Javier Ortega Allué. Director de Mosaico.

Mosaico 46: Intervención en niños y adolescentes en diferentes contextos. (PARTE II)

En primer lugar quiero comenzar haciendo un merecido recordatorio a Ricardo Sanz que nos ha dejado en el pasado mes de junio, y por supuesto hemos dedicado un espacio más que merecido a nuestro querido maestro.

Pensareis que acabamos de tener un Mosaico en las manos y ya viene el siguiente. Queríamos que antes de celebrar nuestras Jornadas en Cuenca saliera el siguiente número y sabéis que este año las hemos adelantado, y ese ha sido el motivo.

En este Mosaico recogemos un artículo de Rodolfo de Bernat que fue parte del material del I Congreso Ibérico, pero que no dio tiempo a publicarse en el número correspondiente.

Desde Barcelona nos llega un material de trabajo con familiares de enfermos mentales graves y sus familiares. Una experiencia llevada a cabo en el hospital de día y vinculado al proyecto EMILIA.

Continuamos con la segunda parte del monográfico Intervención en niños y adolescentes en diversos contextos, y mantengo mi felicitación a Antonio León por la excelente calidad de las aportaciones realizadas a ambos monográfico, fruto de un admirable esfuerzo.

Hemos recuperado secciones que por diversas cuestiones habían quedado sin cubrir, tenemos entrevista y recensión. Animo a los lectores que se atrevan a mandarnos material, y no necesariamente tienen que ser artículos pueden tener lugar estas secciones que recuperamos, o en otras, echamos de menos tener investigaciones o casos.

En la edición portuguesa, no hemos podido armar en esta ocasión un monográfico, pero el material es de muchísimo interés y se ha estructurado en tres áreas diferenciadas.

Inauguramos un nuevo apartado que se llama “Otras voces”, en el que recogeremos aportaciones desde corrientes diferentes a la sistémica, por medio del trabajo de profesionales que trabajan con familias. Arrancamos con la Psicología Humanista. Estoy realmente orgullosa del artículo con el que comenzamos, Marta Guberman fue una de mis docentes en el posgrado de psicooncología que cursé en la Universidad de Favaloro en Buenos Aires, y de una forma generosa respondió a mi petición con cariño y rapidez. Espero que el trabajo que nos ha enviado os complazca y emocione como me ocurrió a mí siendo su alumna, y leyendo lo que nos invita a compartir.

Espero que podáis disfrutar de un buen verano, y nos encontraremos en el siguiente número de Mosaico con el monográfico dedicado a los trabajos que se presentes en nuestras próximas jornadas de FEATF en Cuenca.

Olga B. Díez Puig DIRECTORA DE MOSAICO

Mosaico 36: Violencia Filio-Parental: Padres Maltratados por sus Hijos

La violencia como fórmula para encarar las situaciones de conflicto empieza a tener un protagonismo social y mediático más que llamativo. Ya se sabe que, a menudo, las buenas noticias no son noticia, aunque sean las únicas que esperamos siempre con desatada esperanza. Ahora parece que les ha llegado el turno a los más jóvenes de la casa. Con ellos, y a propósito de sus conductas menos sociales, nos alcanza un discurso cargado con cartuchos de sal ideológica. Hay que guarecerse, que tirar a dar. Los unos, a las familias por haber dimitido de su función educadora; los otros, a los maestros, que han vendido su alma a la pereza. a diestro y siniestro se reparten mamporros dialécticos y todos acuden, como colofón, al viejo dicho de que aquellos polvos trajeron estos lodos. Andamos pues, enfangados. Unos reclaman más policía en las calles, en los institutos, en los rellanos de las viviendas; otros, más padres, más psicólogos, más diagnósticos también; todos, más dinero. Pero el problema es complejo y lo que nos alarma es que el discurso sobre este matonismo juvenil empiece a resultar sospechosamente similar al que se ha ido elaborando sobre el maltrato, con la satanización del maltratador y la emergencia de medidas más o menos acertadas de separación y control. Casi nada más, a pesar de las voces de los expertos, que advierten sobre la insuficiencia de tales recursos. No son suficiente y, como vemos en algunos casos sangrantes, a veces son demasiado.

El problema, volvemos a repetirlo, es complejo. Pero los medios se ocupan de crear estados de opinión y alarma que ayudan a co-construir una imagen de la realidad escolar que usurpa a menudo el peso, tantas veces decisivo, que tienen sobre este contexto otros factores sociales y culturales. No hay más que acudir a los periódicos del día para tropezar con expresiones de ardoros o belicismo como batalla campal en un instituto de Granada, o los fiscales estudian penar estas agresiones como si fueran «atentados a la autoridad» (medida preventiva para los que son funcionarios, porque el discurso dominante señala, por omisión, que todo esto ocurre en la escuela pública de este país; no, al parecer, en la concertada ni en la muy selecta privada…) y otras perlas del sutil arte de la guerra… ¡para qué seguir!

Quisiera recordar aquí las palabras de un viejo y respetable filósofo: nuestros jóvenes de ahora aman el lujo, tienen pésimos modales y desdeñan la autoridad; muestran poco respeto por sus superiores y prefieren la conversación insulsa al ejercicio; los muchachos son ahora los tiranos y no los siervos de sus hogares; ya no se levantan cuando alguien entra en casa; no respetan a los padres, conversan entre sí cuando están en compañía de mayores, devoran la comida y tiranizan a sus maestros. Quien así hablaba no era un periodista de nuestra época, sino el ateniense Plató,, allá por el Siglo IV a.C. Seguramente hay algunas cosas nuevas bajo el sol, pero hay discursos que parecen viejísimos.

Aquí, en MOSAICO, con este monográfico que ha coordinado Roberto Pereira, hemos movido ficha. La complejidad de estas situaciones bien merece una epistemología como la nuestra.

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