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Mosaico 91: Violencias y Terapia Familiar

Ya está aquí septiembre para comenzar un nuevo curso que nos brinda la oportunidad de retomar rutinas y plantearnos nuevos proyectos. Nuestra revista también tiene nuevas propuestas para este curso venidero. En la página vecina, nuestro presidente Jorge Gil, nos anuncia la consolidación de un plan de comunicación de la FEATF donde Mosaico también tendrá un papel relevante.

Este número que tienes entre manos trata de las violencias. Y en plural, como nos sugirió el coordinador de este monográfico, Raúl Gutiérrez, en sus primeros esbozos. Porque existen distintas violencias con sus múltiples aristas, con sus peculiaridades y, por supuesto, con sus distintas herramientas para cada una de ellas.

Violencias que siempre han acompañado a la humanidad desde el inicio de los tiempos, en todas las sociedades y en cada uno de los sistemas. La familia no es ajena a ello y la Terapia Familiar Sistémica siempre ha sido pionera en la investigación y en su intervención. Y este número es un buen reflejo de ello. El hogar, ese lugar donde tantas veces buscamos seguridad, puede volverse también espacio de dolor y de miedo. Desde la terapia familiar sistémica, nos sentimos interpelados a mirar de frente esta realidad para intervenir en los vínculos que puedan reparar lo que la violencia haya fracturado.

Como decíamos, en plural, porque se adentra en muchas de las formas en que la violencia se expresa y en cómo nuestro trabajo terapéutico puede transformarlo. Roberto Pereira, con doble contribución, junto a Terebel Jiménez, Andrés Lombás o Manuel Benedí, profundiza en la violencia filio-parental, su diagnóstico y abordaje. Violeta Lasheras nos recuerda las huellas en los hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género, mientras que Héctor Vergara matiza el fenómeno en tres dimensiones. Carmen Domingo, por su parte, nos lleva al inicio del vínculo: la parentalidad y la perinatalidad.

En sintonía con el enfoque del monográfico, este número amplía el foco con experiencias clínicas en contextos especialmente vulnerables: el sistema de protección a la infancia (Alba Calvo), el acogimiento y la adopción (Carlos Ceballos, Anna Catalán y Sabina Díaz), la terapia de pareja (Patricia Maguet y Pablo Quiroga), los Trastornos de conducta alimentaria (el programa Minerva con Marina Fàbrega y Juana Marina Trinidad) y la posvención con José M. Antón y Laura Antón, una conversación difícil y necesaria sobre la construcción familiar del suicidio.

También hay tiempo para la investigación con la contribución del equipo de Itxaso Santamaría y su Evaluación del funcionamiento familiar, a través del SCORE-15 en una Unidad Terapéutica-Educativa.

Finalizamos el monográfico con una deuda que teníamos desde el número 88. Ese número dedicamos el monográfico al Amor y Terapia Familiar, coincidiendo con el fallecimiento de Sue Johnson y donde realizamos un pequeño homenaje. En este número compartimos un segundo artículo – no publicado antes en español – de esta brillante autora gracias a la colaboración de Lola Fatás y del Centro Internacional para la Excelencia en Terapia Focalizada en las Emociones

Esperemos que disfrutéis de este número y que sea motivador para iniciar nuevas ideas y proyectos en este curso que comienza. Desde Mosaico queremos que este número sirva para sensibilizar en la prevención de las violencias, motivar a los profesionales a formarse y a la creación de programas de apoyo, donde las historias puedan reescribirse y las relaciones repararse.

No quería despedirme de todos vosotros sin animaros a participar en el VI Congreso Ibérico de Terapia Familiar, que se celebrará en Oporto los días 16, 17 y 18 de octubre. Será una magnífica oportunidad para compartir experiencias y fortalecer la red profesional de nuestra familia sistémica. Vemo-nos no Porto!

Sergio Siurana.

Director de Mosaico

Mosaico 81: Las emociones como agentes de cambio en terapia de pareja y familia: renovando las conexiones y los vínculos.

Dejo sobre la mesa el libro que estaba hojeando, urgido por la necesidad de escribir este editorial que ahora están ustedes leyendo. Suelo hacerlo cuando el número ya está casi listo para llegar a sus manos, casi siempre satisfecho por los resultados del esfuerzo que tuvimos que realizar para sacarlo adelante. Es justo ese instante antes de dejarlo ir, cuando recuerdo el entusiasmo de quienes escribieron sus artículos, el trabajo hecho con cariño y cuidado de quienes compilaron y dirigieron el monográfico, el esfuerzo de quienes corrigieron, valoraron y dieron el último vistazo a los originales; es decir, es el momento en que se puede mirar el bosque y distinguir cada uno de los árboles que lo conforman: el instante de darle una última vuelta de tuerca -provisional- a alguno de los temas que aquí aparecen, cuando me pongo a escribir las páginas que abrirán el ejemplar.

El trabajo terapéutico centrado en las emociones. Importante tema sobre el cual nuestra compañera Lola Fatás ha hilvanado la complicidad de una serie de autores y autoras de especial relevancia en este ámbito, con largos años de experiencia, logrando un excelente monográfico. Lo primero que diré, pues, es esto: léanselo ustedes.

Y disfrútenlo.

Si nos adentramos en la historia del movimiento sistémico, habría que remontarse a comienzos de los años 90, cuando en Sorrento la European Family Therapy Association (EFTA) organizó un congreso encabezado por el título de Feelings and Systems, con el objetivo explícito de dar entrada en el mundo sistémico al tema de los sentimientos y los afectos, para contrarrestar el enorme peso que hasta entonces había venido teniendo el lenguaje verbal en las intervenciones relacionales. Fue todo un éxito, que contribuyó a dar una vía expedita a las emociones en terapia.

No fue sólo este Congreso, por supuesto, el acontecimiento europeo que influyó para que lo emocional tuviera mayor presencia en el mundo sistémico. En el otro extremo del planeta, en América, muchos de los primeros terapeutas, los llamados pioneros, cuyos orígenes formativos se hallaban ligados primordialmente al mundo psicodinámico, también habían plasmado la importancia del valor terapéutico de la respuesta emocional por parte de los propios terapeutas, tanto durante su formación (Bowen y el uso del genograma formativo) como en el mismo ejercicio de la actividad terapéutica (Whitaker y sus análisis de la contratransferencia terapéutica). No podía ser de otro modo, so pena de amputar una parte esencialísima del ser humano y su naturaleza relacional, de no haber tenido en cuenta cómo las emociones y los afectos tiñen de intensidad variable la totalidad de nuestras vidas y el sentido de nuestras acciones.

Conviene hablar de las emociones en este momento convulso que nos está tocando vivir. Emociones que amplían y nos expanden, como la alegría o el amor; y emociones que nos repliegan y apagan, como el miedo o el temor. De estas últimas tenemos noticias de sobras y con ellas abrimos los noticiarios y sus tragedias cada mañana.

Es escaso lo que los terapeutas podemos hacer para cambiar el mundo, y menos aún si tenemos en cuenta la difusa atención que otorgan los poderes públicos y los poderosos a lo que nosotros podemos sugerir en relación a la salud psicológica de las personas. Pecaríamos de ingenuos si considerásemos nuestra capacidad de influencia como decisiva para producir cambios sociales de envergadura. Sin embargo, desde otro punto de vista, más aferrado al mundo cercano de las relaciones interpersonales, es mucho lo que sabemos hacer cuando acompañamos a los individuos y a las familias y les ayudamos a transitar por sus “valles de dolor” existencial.

Grande es ahí nuestra responsabilidad, persona a persona y familia a familia.

Como la piedra que cae sobre la superficie remansada de un estanque, así generamos nosotros, en la interacción, con nuestras intervenciones expertas, pequeños pero profundos y a veces incluso definitivos cambios. Los profesionales bien formados, con experiencia de la vida y sin temor de ir al encuentro emocional de otros seres humanos, adquieren a lo largo de su experiencia ese don preciado que Yalom llamó el don de la terapia. Nuestro orgullo terapéutico y, con él, nuestra humildad ecológica, como tantas veces le escuché repetir a mi maestro Linares.

Por eso, cuando una terapia resulta eficaz y exitosa, la vida de las personas se vuelve para ellos más intensa y marca siempre un antes y un después, en cuyo quicio nos encontramos quienes nos dedicamos a esta profesión. Uno de los más vivos placeres de la terapia es el de asistir como observador privilegiado a cómo las personas tornan a hacerse responsables de sus propias vidas y de sus elecciones, alejándose de ese modo de la fantasía de que alguien más fuerte que ellos mismos les salvará o les cuidará para siempre. Complace captar cómo desobstruyen los canales por los cuales empieza a circular de nuevo el amor nutricio, generando así nuevas formas de cuidado y afecto; y cómo se trenzan los vínculos poco antes debilitados y las pertenencias, junto al respeto de cada individualidad que se levanta ante nuestros ojos. Actuamos como testigos de tal transformación, que, como muestran los autores que escriben en el monográfico de este número, se produce en el plano subjetivo de las emociones que, desde hace ya más de treinta años, los sistémicos hemos vuelto lentamente a incorporar como parte de la propia experiencia terapéutica, formativa y profesional.

No es poco en este tiempo de tribulación.

Contemplo la negra tapa del libro que dejé al comenzar a escribir estas líneas: “Un terrible amor por la guerra”, del jungiano James Hillman, y pienso en esta tarea en la que empeñamos la vida: acompañar, sostener, generar confianza en las capacidades de las familias. Esas mismas familias que, en su propio proceso, también nos sanan y ayudan, balsámicamente, a reconciliarnos con este mundo que hoy sufre de una gran aflicción. La de siempre, la de ahora.

Mosaico 69: Congreso de Cartagena

Que los años pasan nos lo dicen los logros, pero también nos lo susurran las pérdidas. Con éstas añadimos a la vida el peso de las ausencias y la presencia tan real de los huecos que nos dejan. Este final de año ha sido pródigo en pérdidas. Desde las cercanas y, por tanto, más sentidas, como la de nuestro compañero y amigo Antonio León, corresponsal de esta revista en la Asociación Andaluza; hasta las lejanas pero no menos importantes, como la del maestro Minuchin y la pionera y activa promotora de la terapia familiar Lynn Hoffman. Vidas idas cuya principal característica fue la de haber vivido intensamente una pasión. En su caso, la pasión por el trabajo terapéutico con las familias, esperanzado y profundo. Como sucede siempre que esta profesión surge del sentir más hondo de la persona y es, por tanto, más que una profesión.

Hay muchas formas de ser felices. Tantas, al menos, como seres humanos coexisten en un momento concreto de la historia. Pero todas esas disposiciones felicitantes y activas, dinámicas y productivas de estar en el mundo se parecen al menos en un aspecto, a saber, la intensidad apasionada con que cada cual las aborda en su existencia. Vivir, como dijo en cierta ocasión el propio Minuchin, consiste en crecer, mezclarse, cooperar, compartir y competir con los demás. Vivir es una tarea, un quehacer. No simplemente un deslizarse sin pausa ni sosiego hacia el final. Y lo que hagamos hasta el fin, eso es lo que hará nuestra felicidad. El problema fundamental de la existencia.

Pero los terapeutas familiares tenemos otro conocimiento, que surge de nuestro diario bregar con el sufrimiento familiar en la consulta o en el hospital. Un conocimiento que, cuando se revela, ya no puede ser ocultado, y mucho menos olvidado. Los individuos somos más que ese sujeto individual en que consistimos. Todos nosotros, toda la gente a la que queremos o con la que nos relacionamos, formamos un invisible tejido vincular de afectos y reconocimientos, de heridas y de daños, que traspasa nuestra tenue frontera individual y se remonta hacia arriba, hacia otras generaciones, de las que somos continuación, testimonio y deudores. Nada hay en nosotros que esté por completo cerrado, ninguna trama, ninguna historia tiene su fin en sí misma. La vida prosigue y nuestra existencia se vuelve menos lineal, al enriquecerse con los silenciosos legados de los muertos. Gana hondura y complejidad.

Hay ya algo en nosotros de Antonio –el humor- , de Lynn –la pasión-, de Salvador –la inteligencia relacional-. Nos quedamos con su luz, que no percibiríamos si no conociéramos sus sombras. Y, sobre todas las cosas, la intensidad con que ejercieron su oficio, el de terapeuta, un oficio tan singular como lo es siempre, de suyo, cualquier profesión vocacional. Algo más que un mero acopio de técnicas: una forma especial de estar con los otros, empatizar con su dolor y sostenerlos en el sufrimiento, desde la propia experiencia existencial de quien se sintió llamado –pues no otra cosa distinta es la vocación- a hacer terapia.

Javier Ortega Allué Director de Mosaico

Mosaico número 63

De las crisis sólo se sale o renacido o renovado; esto es, cambiado. Pero esto no viene a significar que todo sea ex novo, como si nada hubiera ocurrido antes de que suceda lo que ahora sucede, o como si todo cambio fuera inaugural y adánico. Somos una mezcla de tradición y renovación, de pasado y de presente que apunta imaginativamente a lo porvenir.

Las crisis, como nos muestra este número de la revista, son necesarias por inevitables.

El cambio ocurre, sin que podamos hacer nada por soslayarlo, simplemente porque estamos vivos y vivir es verse abocado a cambiar. El río de Heráclito nunca detiene su discurrir. Hay una continuidad  inexorable entre la estabilidad y la renovación, y las crisis son el punto de fuga en que convergen la una y la otra. Que lo saben bien los terapeutas es algo que nunca se nos debería olvidar, pues al fi n y al cabo trabajan con la incertidumbre que se encuentra en ese quicio entre la estabilidad y el desorden. Pero lo saben también –y antes- las familias y los individuos, pues no a otra tarea se enfrentan a lo largo de su

existencia. La inteligencia humana es esa capacidad para afrontar y adaptarnos a los cambios que inevitablemente hemos de encarar mientras estemos vivos. Apasionante, pues, la temática que como reto nos dejó abierta el Congreso de Cáceres y del que este número de Mosaico se hace eco.

No es tarea fácil organizar un congreso, ni siquiera de terapia familiar, ni siquiera región al, y atreverse a hacerlo Ibérico, con tanta ambición como éxito. Y tener incluso la osadía de levantar la tienda en el extremo duro de esa tierra de frontera que es Extremadura, el limes, bella metáfora de la zona en la que trabajamos los que en esto de la terapia nos ocupamos: los territorios aún inexplorados, los lugares en que lo ya sabido se va abandonando, cuando todavía no se ha conquistado lo por saber. De las familias en crisis a los terapeutas en cambio, de todo eso se habló largo y tendido en Cáceres, mostrando que

la larga experiencia terapéutica no es óbice para encallarse en el manierismo técnico ni la cerrazón de viejos modelos o ya casi superados supuestos. La sociedad cambia y los terapeutas han de seguir el rastro de estas transformaciones si quieren continuar haciendoun trabajo útil y bello.

Muchos son, pues, los desafíos a los que los terapeutas debemos enfrentarnos en un mundo abierto, complejo y cambiante como este, de variadas certidumbres y diversas lealtades.

Desafíos que comienzan en nosotros, en cada uno, pero que desbordan el ámbito particular y nos colocan de lleno en el espacio de encuentro relacional. Conforme profundizamos en la cuestión, resulta cada vez más evidente que alguno de aquellos núcleos considerados duros o esenciales de la persona son realidades y valores que emergen en el seno de una, de cualquier relación: la del ser humano con la cultura en que está inserto, la del ser humano con otros seres humanos, la del terapeuta con las familias con las que trabaja. Ahí es nada. El mapa de los conceptos con que nos movemos no puede entenderse

si los elevamos a un cosmos etéreo inmutable, donde parece que habita lo perfecto y la verdad. Lealtad, amor, traición, violencia, poder son un cierto tipo de realidades relacionales, sin las cuales, sin embargo, no podemos entender al individuo ni sus acciones concretas.

Nada se comprende de forma aislada, sino en el entreverado de sutiles y manifi estas formas de relación humana. La urdimbre de lo humano sólo se puede vislumbrar en el seno de este dibujo relacional donde también la acción del propio terapeuta cobra sentido.

Javier Ortega Allué Director de Mosaico

Mosaico 46: Intervención en niños y adolescentes en diferentes contextos. (PARTE II)

En primer lugar quiero comenzar haciendo un merecido recordatorio a Ricardo Sanz que nos ha dejado en el pasado mes de junio, y por supuesto hemos dedicado un espacio más que merecido a nuestro querido maestro.

Pensareis que acabamos de tener un Mosaico en las manos y ya viene el siguiente. Queríamos que antes de celebrar nuestras Jornadas en Cuenca saliera el siguiente número y sabéis que este año las hemos adelantado, y ese ha sido el motivo.

En este Mosaico recogemos un artículo de Rodolfo de Bernat que fue parte del material del I Congreso Ibérico, pero que no dio tiempo a publicarse en el número correspondiente.

Desde Barcelona nos llega un material de trabajo con familiares de enfermos mentales graves y sus familiares. Una experiencia llevada a cabo en el hospital de día y vinculado al proyecto EMILIA.

Continuamos con la segunda parte del monográfico Intervención en niños y adolescentes en diversos contextos, y mantengo mi felicitación a Antonio León por la excelente calidad de las aportaciones realizadas a ambos monográfico, fruto de un admirable esfuerzo.

Hemos recuperado secciones que por diversas cuestiones habían quedado sin cubrir, tenemos entrevista y recensión. Animo a los lectores que se atrevan a mandarnos material, y no necesariamente tienen que ser artículos pueden tener lugar estas secciones que recuperamos, o en otras, echamos de menos tener investigaciones o casos.

En la edición portuguesa, no hemos podido armar en esta ocasión un monográfico, pero el material es de muchísimo interés y se ha estructurado en tres áreas diferenciadas.

Inauguramos un nuevo apartado que se llama “Otras voces”, en el que recogeremos aportaciones desde corrientes diferentes a la sistémica, por medio del trabajo de profesionales que trabajan con familias. Arrancamos con la Psicología Humanista. Estoy realmente orgullosa del artículo con el que comenzamos, Marta Guberman fue una de mis docentes en el posgrado de psicooncología que cursé en la Universidad de Favaloro en Buenos Aires, y de una forma generosa respondió a mi petición con cariño y rapidez. Espero que el trabajo que nos ha enviado os complazca y emocione como me ocurrió a mí siendo su alumna, y leyendo lo que nos invita a compartir.

Espero que podáis disfrutar de un buen verano, y nos encontraremos en el siguiente número de Mosaico con el monográfico dedicado a los trabajos que se presentes en nuestras próximas jornadas de FEATF en Cuenca.

Olga B. Díez Puig DIRECTORA DE MOSAICO

Mosaico 41: XXIX Congreso Nacional de Terapia Familiar

En este número de Mosaico estamos de celebraciones, varias celebraciones. En primer lugar celebramos y agradecemos la acogida que ha tenido el nuevo formato de Mosaico. Las críticas en general han sido muy positivas y los lectores han aceptado el cambio de formato dando con estos ánimos una bienvenida al nuevo equipo que desde aquí recibimos cálidamente.

En segundo lugar hemos celebrado el XXIX Congreso Nacional de Terapia Familiar en Oviedo. Evento que ha sido de una gran relevancia dado que hemos contado con la presencia de figuras de gran peso a nivel mundial dentro de nuestro campo y disfrutado con lo que nos han mostrado y enseñado. Además estos eventos siempre son la excusa estupenda para reencontrarnos todos de nuevo en lo profesional, y disfrutarnos en lo relacional. El congreso ha tenido un número importante de asistentes, una muy buena organización y un entorno envidiable. Nace del Congreso el monográfico de este número, extenso y muy completo, debemos darle las gracias a la corresponsal de Mosaico en Asturias y a su colaboradora por el gran esfuerzo que han realizado.

Y nuestra última celebración tiene que ver con la portada de este número. Alas que nos permiten volar, volar y encontrarnos con nuevos compañeros de viaje con los que emprendemos nuevas rutas, disfrutando de la diversidad y la complicidad. Ahora el viaje de Mosaico tiene dos lenguas, nuestros compañeros y colegas de la Sociedade Portuguesa de Terapia Familiar (SPTF) nos van a hablar de Terapia Familiar en portugués. Desde el equipo de Mosaico es todo un reto y un verdadero placer ser los encargados de coordinar este pequeño pero gran espacio de colaboración, y esperamos que sea igual de placentera la experiencia que lo está siendo para nosotros.

Con éste último punto además como incentivo de que vamos a ser una revista de edición internacional, os animamos a que nos mandéis vuestros aportes, investigaciones, o las cosas en las que esteis trabajando o formando para que todos lo podamos compartir. Os animo para que publiquéis para y con nosotros.

Espero que podáis disfrutar con este número y que lo celebremos en el siguiente.

Olga B. Díez Puig, DIRECTORA DE MOSAICO

Mosaico 33: La terapia narrativa hoy

El hecho de vivir en la era de la información tiene sus propias servidumbres. No basta con existir, sino que hemos de afirmar nuestra existencia siendo activos. Y, en esta época, eso significa tener que aparecer. Necesitamos dar a conocer nuestro trabajo fuera de los circuitos donde ya suele ser reconocido y valorada su eficacia y efectividad.

La FEATF, consciente de este imperativo publicitario, elaboró hace algo más de un año unos trípticos con esa finalidad. Desde entonces, las Asociaciones han venido trabajando, de manera voluntariosa pero constante, para hacer llegar los mensajes pertinentes a quienes tiene capacidad para orientar las acciones, esto es, aquellos que diseñan las políticas y quienes se hacen eco de las mismas, los medios de comunicación social. Lo han hecho unitariamente, intercambiando iniciativas y propuestas, solicitando entrevistas al más alto nivel en los departamentos de las diversas autonomías y apareciendo en cuantos foros reclamaban su presencia. Lo han hecho de manera real y también de forma virtual.

Es una tarea de largo aliento, ingrata a veces, pero que se hace desde el convencimiento de quienes conocemos el modelo de trabajo y creemos en su capacidad para mejorar las circunstancias que nos han tocado en suerte. Una tarea que realizan no sólo las asociaciones con un mayor números de asociados, sino también aquellas otras más modestas, donde las responsabilidades no se pueden esquivar; todos unidos para alcanzar el máximo eco posible y la máxima repercusión social.

Mosaico, como representación de todas ellas, quiere llamar la atención sobre este trabajo y lo hace, a través de sus corresponsales y de cuantos colaboran en realizar una revista de calidad, digna de los otros empeños.

Un viejo refrán castellano dice: el buen paño, en el arca, se vende. Tenemos el buen paño y también el arca. Necesitamos hacer ver nuestro trabajo.

Mosaico 32: Otro enfoque a los Problemas Familiares: El modelo sistémico y su aplicación en los servicios sociales

El modelo sistémico relacional muestra su fecunda riqueza fructificando más allá del conocido espacio terapéutico. La mirada compleja se posa sobre los sistemas sociales abiertos y en interacción, leva las fronteras de la aplicación hacia territorios periféricos, alejados de los contextos donde tradicionalmente se le han reportado sus primeros y más afinados logros.

Poco a poco se colonizan espacios en la medicina familiar (por poner tan sólo un ejemplo, con sus aportaciones a la creación de la teoría psicosomática familiar), en el ámbito legal, en la educación, en el análisis de las organizaciones, en el management y los procesos de planificación económica, en el ejercicio de la toma de decisiones administrativas y políticas, y en el amplísimo campo de los servicios sociales, al que dedicamos el monográfico que ahora os presentamos.

El mundo globalizado demanda, pues, un esfuerzo a los que somos agentes de la complejidad y el cambio. El rápido ritmo de las transformaciones exige una continua puesta al día, un estar por delante y por encima de la ola, innovando la mirada, perfeccionando y aguzando los análisis y aplicando nuestro modelo con tanto rigor como creatividad. Porque ésta es una de las características más acusadas de los profesionales que se mueven en sus diferentes contextos desde el marco de nuestra epistemología: la necesidad de verse compelidos a utilizar creativamente sus recursos. Nada hay que nos apetezca tanto como que nos ayuden a seguir pensando, enriqueciendo de ese modo nuestra acción de cambio.

Y es, por ende, necesario continuar el debate de las ideas, porque las intervenciones no son automatismos ni se ejecutan desde el vacío. El análisis nos permite comprender, enlazar lo que acaece de forma congruente, y dotar de sentido al flujo incesante de las relaciones en sus diversos contextos. Sin este análisis, la técnica acaba siendo un impedimento; incluso los más refinados protocolos se revelan inanes sin este previo conceptual.

Mosaico, a punto de celebrar sus primeros diez años de vida, no puede olvidar uno de sus objetivos fundacionales, y quiere seguir aportando su granito de arena a la ímproba tarea de la divulgación cientifica de nuestro modelo, en el que estamos empeñados. Confiamos que este número ayude a abrir nuevas vías de trabajo y colaboración entre profesionales de los más diversos ámbitos. Esperamos, también, hacernos oír por aquellos que tienen la responsabilidad de diseñar políticas sociales de prevención y ayuda. Los ríos siempre comienzan con unas pocas gotas de agua.

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Trauma y Terapia Famiilar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos.