Etiqueta Descargar: terapia sistémica

Mosaico 90: Trauma y Terapia Familiar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos. Los sistémicos sostenemos que las teorías y tratamientos centradas en una perspectiva lineal presentan limitaciones y, por el contrario, entendemos como sus efectos atraviesan a las familias y a las distintas generaciones. Para obtener mayor eficacia en la intervención necesitamos herramientas con una mirada relacional que permita acompañar el sufrimiento, transformar la narrativa y facilitar el cambio.

Y así debieron pensar en la Asociación Aragonesa el año pasado para organizar la jornada “Abordando el trauma en terapia familiar: Herramientas para la prevención y reparación”, verdadero germen de este monográfico coordinado por Blanca Armijo que, no solo ha hilvanado brillantemente las reflexiones expuestas en Zaragoza, sino que hizo la invitación a participar a más miembros de la familia sistémica. Y esa respuesta es el resultado de esta publicación, demostrando que los terapeutas familiares entendemos del trauma.

Este número de Mosaico se adentra de lleno en esa complejidad y reúne experiencias, reflexiones y recursos terapéuticos que nos invitan a revisar cómo trabajamos desde nuestras consultas y equipos. Recursos terapéuticos que van desde la intervención en crisis hasta la resiliencia, pasando por la mentalización y la familia de origen del terapeuta. Experiencias en contextos tan distintos como la consulta privada o una unidad de hospitalización breve. Problemas tan distintos, pero a la vez tan traumáticos como son las adicciones, las relaciones basadas en un exceso de control o el abuso sexual intrafamiliar. Caracterizando al enfoque relacional como clave para comprender el trauma y abrir nuevos caminos de crecimiento.

Ilustra este monográfico experiencias del Congreso de Barcelona que nos vuelven a transportar a aquellos días de unión y aprendizaje, lo que nos recuerda el impacto y las aportaciones que generó y que aquí celebramos publicándolas. Por cierto, ya están abiertas las inscripciones para el próximo Congreso que se celebrará en Oporto, con lo que pronto podremos volver a encontrarnos. En la última página tenéis la información.

Y como ya se acerca el verano y, con él, más tiempo para la lectura, Sara González nos hace una recomendación literaria de uno de los autores más prolíficos de nuestra comunidad: Ricardo Ramos y su reciente libro “La terapia como empeño colaborativo. Cambio, colaboración profesional y conflicto”

Desde estas líneas queremos agradecer profundamente a cada autor y autora por su generosidad y compromiso, y a quienes cada día hacen posible que este proyecto siga siendo un lugar de encuentro y pensamiento crítico para la comunidad sistémica. Esperamos que este número sirva para seguir abriendo espacios donde el trauma pueda ser nombrado, comprendido y, sobre todo, que las familias puedan sentirse seguras y acompañadas.

Sergio Siurana

Director de Mosaico

Mosaico 89: Terapia familiar y prevención en salud mental

Desde tiempos de la pandemia hemos presenciado un incremento de los problemas de salud mental a nivel mundial y especialmente en la población infanto-juvenil (UNICEF, 2021 y OMS, 2022). Mayor prevalencia de malestar emocional, trastornos de ansiedad y depresión, con mayor incidencia de autolesiones e ideaciones y tentativas suicidas. Una de las causas podría ser haber sido desdeñar la prevención frente al tratamiento. La investigación en salud mental se ha centrado frecuentemente en la psicopatología y en su tratamiento como método para reducir los trastornos mentales, en lugar de disminuir su incidencia mediante la prevención. Es decir, hemos dedicado la mayor parte de nuestros recursos a conseguir dar el alta a los pacientes en lugar de reducir los ingresos de unos nuevos.

La familia es uno de los espacios donde se tiene que fundamentar un programa de prevención que se precie y, por ejemplo, las estrategias parentales protectoras deberían ser objetivo de intervenciones de promoción de la salud. Y así pensó el comité organizador del 43 CNTF que, brillantemente estuvo dedicado a la Terapia Familiar y a la prevención en salud mental y que, en palabras de su presidente José Soriano: “nuestra disciplina puede y debe jugar un papel importante en esta prevención y, yendo un poco más lejos, en la promoción de la salud mental en nuestra población”.

Durante los tres días de octubre que estuvimos en Barcelona, las reflexiones, conversaciones y reuniones giraron en torno a dicha prevención y al papel que los terapeutas familiares podemos y debemos tener al respecto. Javier Ortega dirige el monográfico dedicado al 43 CNTF y la selección de articulistas nos traslada de nuevo a ese espacio que nos enriqueció por sus ponentes y conferencias, al igual que al encuentro con antiguos y nuevos compañeros de viaje. Para el que no pudo estar presencialmente, esta revista le puede servir para tener un extracto del diálogo establecido y poder comprobar el éxito que fue este congreso, con más de 400 congresistas. Desde aquí, dar las gracias a la organización por su recibimiento y acompañamiento durante todo momento y a su esfuerzo para garantizar la calidad de todos los espacios.

Un Congreso que también fue la sede de la Asamblea anual de la FEATF que anunció que por mayoría en 13 de las 15 asociaciones y también por mayoría de las Escuelas: “Podrán acreditarse como psicoterapeuta familiar tod@s l@s profesionales con titulación psico-socio-sanitaria que hayan completado una formación acreditada en FEATF”. Una gran noticia para toda la familia sistémica que busca una regulación de la psicoterapia no excluyente y de calidad.

Dejo para el final unas líneas dedicadas a Emma Tomás. Después de varios años de dedicación y profesionalidad en el equipo de redacción de Mosaico, nos deja para dedicarse a otras labores profesionales. Quedó constancia en el acta de la Asamblea de octubre, pero también queremos que en la editorial del último número en el que participa, quede patente el agradecimiento de la FEATF y de Mosaico por su trabajo, su mirada crítica y su sensibilidad para que cada número de Mosaico tuviera la calidad que merece. Mosaico es y siempre será tu casa.

Y dar la bienvenida a Yaiza Delgado, nuevo miembro del equipo de redacción de Mosaico, perteneciente a la Asociación Canaria, que ya ha comenzado a participar en este nuevo número. Mucha suerte en tu nueva andadura.

Sergio Siurana

Director de Mosaico

Mosaico 86: Monográfico: 42 Congreso Nacional de Terapia Familiar. Familias y organizaciones en canal: una vuelta a la sistémica

Este número 86 es un número especial. En primer lugar, es en papel, como lo son los Mosaicos dedicados a los CNTF. El papel sigue teniendo un valor simbólico y una sensación implícita que todavía no ha conseguido lo digital.

En segundo lugar, porque el de Valencia fue un congreso excepcional en todos los sentidos. En estas páginas encontraréis un pequeño testimonio de lo que allí vivimos y que puede llevar, al lector que no lo presenció, a intuir parte de aquella experiencia.

Y, en tercer lugar, por los cambios acontecidos en nuestra familia sistémica. Cambió la junta directiva presidida por Ana Caparrós y comenzó su andadura la presidencia de Jorge Gil -con su nuevo equipo- que os saluda en la página vecina. Gracias Ana y resto de junta por vuestro esfuerzo y dedicación, en unos años tan difíciles como fueron los de la pandemia. Cuando no podíamos estar juntos hicisteis lo inimaginable para que siguiéramos unidos.

También, ha cambiado la dirección de Mosaico. Es la primera vez que tengo la oportunidad de comunicarme a través de esta vía con todos vosotros y es un honor hacerlo en este número tan especial. Coordinadores de monográfico, equipo de redacción y articulistas, esperamos que lo disfrutéis tanto como nosotros lo hemos hecho mientras se gestaba el 86 de Mosaico. Consideramos que existen motivos más que suficientes para sumergirse en su lectura.

El monográfico, coordinado magníficamente por Emma Tomás, consigue que el lector de Mosaico pueda introducirse en ese canal inaugurado en el lema del 42CNTF para unir a familias, a organizaciones y a sistémicos.

En la sección de investigación encontramos el Repositorio de la FEATF, donde Alberto Zamanillo, nos presenta este proyecto que tanto promete. Y la sección Y más, nos sugiere con la idea macroscópica de “miserias” que, como dice Layo Abreu, es un concepto potente, relevante y que aquí lo podemos encontrar con su tono desenfadado e, incluso, con el humor que caracteriza a la comunidad de Macroscopio.

Y cerramos este número con la memoria de la FEATF. Roberto Pereira llega fiel

a su cita con el papel para recordarnos qué ocurría en nuestra querida Federación (y en Mosaico) hace 25 años. Podemos comprobar cómo hemos cambiado en algunas cosas y, en otras, tan poco como, por ejemplo, la cuestión de la psicoterapia que ya era un debate recurrente en 1998.

Como decía al inicio, todos los que hemos trabajado en este número nos hemos esforzado lo máximo para homenajear a Javier Ortega. Porque no podía acabar mi primera editorial para Mosaico sin referirme a Javier que, durante 15 años, ha sido el faro que ha guiado esta revista y la ha convertido en la casa acogedora que es para toda la familia sistémica.

Tuvo su merecido homenaje en la Asamblea de Valencia, pero es de justicia que también se lo realicemos en estas líneas, en su querida Mosaico. Javier Ortega, no solo ha sido un magnífico director y una excelente pluma, sino que ha conseguido que esta revista se haya convertido en un referente en el ámbito de la Terapia Familiar Sistémica. Su compromiso y dedicación han sido su sello de identidad y un maestro para todos los que hemos sido miembros en su equipo de dirección. Por ello, me siento honrado de continuar el legado dejado por Javier Ortega, sabiendo que sigue presente para que, en cualquier momento, nos aporte con su experiencia y buen hacer. Gracias, Javier.

Sergio Siurana.

Director de Mosaico.

Mosaico 85: Monográfico: Aportaciones del modelo relacional sistémico a la comprensión y el tratamiento de los Trastornos Límite de Personalidad

MOSAICO llega, con éste que tienes virtualmente entre las manos, a su número 85, un número que pone de manifiesto su prolongada trayectoria y su buena salud, en un mundo donde las publicaciones especializadas no siempre gozan de una vida tan larga y productiva. No es casual, claro, sino fruto del empeño conjunto de numerosas personas que, trabajando desde la intendencia, ayudan a que ello sea posible. Autores y autoras que nos presentan sus trabajos, jueces ciegos que los valoran y señalan su pertinencia –o no- para la publicación, oordinadores de los monográficos, que tejen una tupida red de colaboraciones y levantan con su ánimo esa joya de la revista que tan útil resulta a nuestros terapeutas, correctores de estilo, maquetadores gráficos y, en fin, por detrás también el apoyo y la confianza de la Junta Permanente de la FEATF, avivando con su empuje y publicitando con su talento relacional la respiración de la revista.

Este año, en breve, estaremos asistiendo en Valencia a un nuevo Congreso Nacional de Terapia familiar de nuestra Federación, con un tema central lleno de posibilidades: “Familias y organizaciones en canal: Una vuelta a la sistémica”, título bajo cuyo paraguas vamos a volver a encontrarnos amigos viejos y conocidos nuevos que tenemos en común esa rica mirada sistémica de la complejidad, cuya potencia usamos en aquellos contextos donde cada cual trabajamos.

Tras cuatro años se despide la Presidenta Ana Caparrós y su equipo. Ha sido un período singular, en que nos vimos forzados a afrontar lo inesperado de una pandemia que nadie podía haber imaginado hasta que sucedió. La pandemia trajo numerosos cambios y desveló las posibilidades inexploradas hasta entonces de la virtualidad de las redes. La Federación no se arredró y sus miembros pusieron en juego su inventiva y recursos para que la nave siguiera navegando.

Aprendimos, en carne propia, que las crisis suponen un riesgo para cualquier organización, pero también una rica oportunidad. Ahora que la Junta y su Presidenta se despiden, la perspectiva del tiempo nos permite reconocer que su esfuerzo no fue baldío.

Llegará en breve una nueva Junta y la nave seguirá surcando el mar. A estos nuevos marineros les deseamos lo mejor, de corazón y no porque esté en absoluto obligado a decirlo. Uno sabe que puede callar, y que hasta el silencio es comunicación; pero en este caso, se me antoja necesario desear lo mejor, porque así lo siento de veras.

También Mosaico debe renovarse. Es ley no escrita, pero de vital importancia, que lo nuevo llegue y, sin arrumbar la experiencia de lo viejo, aproveche el impulso que le da su fuerza inaugural para llevar la revista a nuevas cotas. He sido director de la revista en dos etapas, de 2004 a 2008 y de 2012 hasta 2023, gozando de la confianza de varias juntas durante la friolera de 15 años. Han sido años muy fructíferos y plenos, de gran intensidad. Mosaico me ha dado más de lo que me ha quitado: me ha dado muy buenos amigos y amigas y me ha permitido conocer y relacionarme con personas a las que admiro y respeto, que son buenos terapeutas porque, principalmente, son buenas personas. Como creo que uno se mide por los amigos y amigas que conserva, espero haber estado a la altura.

Quiero aprovechar estas últimas líneas para agradecer la confianza de tantos y tantas que me ayudaron en esta labor. Nombrar la lista de mis agradecimientos la haría demasiado larga. Me consuela saber que lo saben. Eso basta.

Javier Ortega Allué.

Director de Mosaico.

Mosaico 79 (DIGITAL): Nuevas intervenciones con niños y adolescentes

Nos alegra saber que, cuando este número llegue a manos de los lectores, habremos celebrado el muy esperado XL Congreso Nacional de Terapia Familiar en Tenerife. Un Congreso que ha tenido este año un acento especial, como de inicio de una época nueva, de reencuentro y redescubrimiento, tras un aplazamiento forzado por unas circunstancias que hasta hace bien poco resultaban impensables. Ha tenido que ocurrir lo que está en mente de todos, formando parte de los nuevos hábitos que hemos debido adquirir a marchas forzadas, para caer en la cuenta de hasta qué punto vivíamos instalados en una certidumbre ilusoria, en la que dábamos tantas cosas por sentadas.

Si algo seguimos aprendiendo es que nada hay de definitivo y permanente en este mundo real que habitamos; ni siquiera la tierra permanece quieta bajo nuestros pies. Por fortuna, frente a estos avatares inesperados la inteligencia humana ha vuelto a demostrar que nuestra capacidad de adaptación y sobrevivencia es, pese a sus limitaciones, nuestra mejor herramienta compartida. Inteligencia emocional, inteligencia compasiva y también, por qué no, inteligencia comprensiva.

Así pues, resultó oportuno aprovechar esta ocasión para el reencuentro, y hacerlo bajo el paraguas de un título que, más que adecuado, ha sido casi profético. Pues nada fuerza a explorar más los límites de algo que el haber tenido que ponerlos a prueba. Y en ello estamos, explorando los límites de la terapia familiar. Porque solo será de esta forma como esos límites se expandirán, superando la zona de confort a la que nos acostumbraron los hábitos –también los terapéuticos-, y nos llevarán a explorar otras zonas y nuevos contextos, a los cuales deberemos adaptarnos para seguir siendo eficaces. El tiempo no se detiene y tampoco las circunstancias. La vida se transforma, a veces lentamente y otras, como estamos sufriendo en nuestras propias carnes ahora, rauda y a inesperada velocidad.

Es de sobras conocida la máxima ignaciana que nos aconseja que, en tiempos de tribulación, conviene no hacer mudanza. Estamos padeciendo algo así como un tiempo de tribulación, quizás parecido al que les tocó vivir a otros miles de seres humanos que nos precedieron en el pasado. En esta situación de incertidumbre en que nos encontramos, disponemos de un modelo, una epistemología y una mirada, esto es, un conjunto de conocimientos que nos ofrece la estabilidad y la seguridad que siempre se precisa cuando de explorar nuevos territorios se trata. Un campamento base, un lugar a donde volver y desde el cual partir de nuevo con seguridad. Vivir es permanecer cambiando, no sumergirse en el caos ni mantenerse imperturbable y agarrotado como un fósil. Ni vale hacer cualquier cosa ni tampoco vale hacer lo de siempre. Esto es lo que se empeña en enseñarnos la vida, humilde pero tercamente.

Y más allá del modelo, teóricamente potente, tenemos aún algo más importante, que debe guiar todos nuestros pasos terapéuticos: la relación, sin la cual no hay terapia –ni vida humana- que se salve. La relación, que nos imbrica y vincula con el resto de nuestros congéneres.

Es oportuno, pues, que quienes nos sentimos vocacionalmente inclinados al oficio de terapeuta, reflexionemos acerca de qué sea esa cosa tan singular a la cual dedicamos la vida, acompañando a las personas en su malestar y sufrimiento, y por qué lo hicimos y para hacer qué.

Javier Ortega Director de Mosaico

Mosaico 78 (DIGITAL): Psicooncología y Terapia Familiar

Que nos acostumbramos a la desgracia mucho más que a la dicha, es algo que admite pocas dudas. Lo bueno es tan escaso como breve, pero esas pequeñas islas de felicidad ayudan a sobrellevar mejor los malos momentos y las ocasiones desperdiciadas. El ser humano avanza lentamente en su camino de supervivencia, y tanta atención a los peligros y tanta capacidad adaptativa no debe ser tomada en vano, sino como signo preclaro de cierta inteligencia evolutiva por parte de nuestra especie. Miramos el mundo desde la esperanza, pero ello no quita un ápice al peso que tienen en nuestras vidas la desgracia y la desesperanza. Por decirlo de un modo metafórico, nosotros, los terapeutas, nos hemos entrenado en mirar con el ojo derecho lo bueno de lo malo y todos aquellos elementos apreciativos que solemos poner en valor cuando trabajamos acompañando a las familias en su viaje por el sufrimiento. Pero no nos hemos quedado tuertos del ojo izquierdo, que es el que usa con más frecuencia la especie para estar sobre aviso y atender a los peligros. Así pues, los terapeutas aspiramos a disponer de una mirada bifocal sobre los acontecimientos y las vidas que, sin dejar de lado los aspectos más oscuros, nos permite vislumbrar la profundidad de la existencia y colocarnos en una disposición específica para mantener esa esperanza.

Hablar de esperanza en este Mosaico no es una contradicción. No lo es cuando tratamos de algo tan terrible y ubicuo como el cáncer, pero haciendo hincapié en los recursos y capacidades que las familias ponen en juego ante situaciones de tanta adversidad. Que aún estemos en el aparente final del túnel de la pandemia no nos debe hacer olvidar que muchas familias padecen, además, el impacto demoledor de las enfermedades avanzadas y de las etapas finales en la vida de los seres queridos.

Dichas situaciones reflejan la complejidad con que las personas abordamos, tras la pérdida o la enfermedad avanzada, la ayuda, la reconstrucción y la continuidad de nuestras vidas tras tales eventos. Tarde o temprano todos pasamos por circunstancias parecidas, que reflejan el carácter relacional del ser humano: nuestra dependencia de los demás y la constatación de nuestra propia fragilidad, sostenida por aquellos que conforman la red que nos protege, envuelve y sostiene. Nadie, al final, muere para sí solo; ni los sobrevivientes lo hacen sin el apoyo de algún vínculo significativo que les ayude a retomar las expectativas y objetivos de sus vidas a corto y medio plazo. Si algo podemos extraer de este abigarrado número de nuestro Mosaico es la conclusión de la gran creatividad con que los profesionales, hombres y mujeres de gran sensibilidad relacional, abordan estas situaciones tan complicadas y dolorosas, la muerte anunciada de uno de nuestros hijos, la rápida desaparición inesperada de cualquiera de nuestros padres y la supervivencia tras estos naufragios. Creatividad, cercanía, calor, ternura que reflejan entre líneas los artículos de este monográfico como pocas veces hemos leído.

Porque es casi un deber ético seguir hablando de lo que no se habla y poniendo voz a quienes la muerte quiso dejar en silencio.

Javier Ortega

Mosaico 62: Intervención psicológica en casos de emergencia y catástrofe

Con cierto retraso sobre el horario previsto aparece la revista que tienes entre manos, interesado lector, y como no hay mal que por bien no venga, esta demora nos permite hablar de este monográfico sobre las intervenciones en catástrofes y situaciones de emergencia y hablar, también, del Congreso de Cáceres y de lo que allí se vio y se vivió.

Durante mucho tiempo me había preguntado qué se puede hacer en una situación de urgencia catastrófica como las que nos presentan los autores de nuestro monográfico. Escéptico, había sido de aquellos creen que en esas ocasiones es poco lo que al psicólogo le cabe hacer. Craso error, del que empiezo a recuperarme a raíz de la lectura de este número, constatando la naturaleza de mis ideas prejuiciosas sobre las intervenciones en situaciones tan extremas. Error y prejuicio que derivan, sin duda, entre otras razones, de la forma en que cada cual trabaja, de la idea de darse tiempo para afrontar los procesos y de esa otra que nos conmina a trabajar con lo que las familias nos traen. He aquí lo que la tragedia trae, que es una pérdida inesperada que trastoca de forma inexorable el ciclo vital de los individuos y de las familias; y que nos coloca en el filo acerado de la incertidumbre y de la fragilidad de nuestra propia existencia. No es éste lugar para hondas cavilaciones filosóficas, pero sí cabe constatar el hecho de que estas tragedias nos sitúan a todos ante esas certidumbres, y alguna respuesta individual o social habrá que darles. Siquiera la de tener en cuenta la solidaridad de la especie, advertir la natural inclinación a ayudar a quien las padece y a colocarnos en el acompañamiento de un dolor que ayudamos un poco a sostener en su sinsentido.

Imaginamos aún más la actualidad de estas reflexiones al hilo de la barbarie que acaba de sacudir a París y, con ella, a los ciudadanos de paz de Europa, del mundo entero, sumidos de nuevo en la ira ciega y esa fe que sostiene a golpe de sangre derramada contra las debilitadas paredes de la ilustración. Sea pues una humilde aportación la nuestra a la necesaria acción reflexiva de los terapeutas en un mundo como este

En otro orden de cosas, hace apenas unas semanas se celebró el Tercer Congreso lbérico de Terapia Familiar, con notable éxito participativo y de asistencia. De las familias en crisis y de los terapeutas en cambio hablamos en Cáceres durante tres días, compartiendo miradas y experiencias y tomando buena nota de la salud de la terapia familiar en la Península y del empuje con que se trabaja en la investigación y en la actualización de los conocimientos, de acuerdo a los cambios que hemos padecido en estos últimos años. De todo ello daremos cumplidas noticias en el próximo monográfico de Mosaico.

Con este Congreso se cerraba la Presidencia y el buen trabajo de Teresa Moratalla y de su equipo, cuyos principales valedores fueron Esperanza De Rueda y Valentín López. De su irreprochable hacer en estos años quedarán muchos testimonios, a cuyas voces nos unimos sin recelo. Con las mismas buenas vibraciones entra en la dirección de la Junta de la Federación Juan Antonio Abeijón como nuevo Presidente, flanqueado por Jorge Gil Tadeo y Sonia Fernández como secretario y tesorera respectivamente. A ellos y al resto del equipo les deseamos desde aquí acierto y buena suerte.

Javier Ortega Allué Director de Mosaico

Mosaico 41: XXIX Congreso Nacional de Terapia Familiar

En este número de Mosaico estamos de celebraciones, varias celebraciones. En primer lugar celebramos y agradecemos la acogida que ha tenido el nuevo formato de Mosaico. Las críticas en general han sido muy positivas y los lectores han aceptado el cambio de formato dando con estos ánimos una bienvenida al nuevo equipo que desde aquí recibimos cálidamente.

En segundo lugar hemos celebrado el XXIX Congreso Nacional de Terapia Familiar en Oviedo. Evento que ha sido de una gran relevancia dado que hemos contado con la presencia de figuras de gran peso a nivel mundial dentro de nuestro campo y disfrutado con lo que nos han mostrado y enseñado. Además estos eventos siempre son la excusa estupenda para reencontrarnos todos de nuevo en lo profesional, y disfrutarnos en lo relacional. El congreso ha tenido un número importante de asistentes, una muy buena organización y un entorno envidiable. Nace del Congreso el monográfico de este número, extenso y muy completo, debemos darle las gracias a la corresponsal de Mosaico en Asturias y a su colaboradora por el gran esfuerzo que han realizado.

Y nuestra última celebración tiene que ver con la portada de este número. Alas que nos permiten volar, volar y encontrarnos con nuevos compañeros de viaje con los que emprendemos nuevas rutas, disfrutando de la diversidad y la complicidad. Ahora el viaje de Mosaico tiene dos lenguas, nuestros compañeros y colegas de la Sociedade Portuguesa de Terapia Familiar (SPTF) nos van a hablar de Terapia Familiar en portugués. Desde el equipo de Mosaico es todo un reto y un verdadero placer ser los encargados de coordinar este pequeño pero gran espacio de colaboración, y esperamos que sea igual de placentera la experiencia que lo está siendo para nosotros.

Con éste último punto además como incentivo de que vamos a ser una revista de edición internacional, os animamos a que nos mandéis vuestros aportes, investigaciones, o las cosas en las que esteis trabajando o formando para que todos lo podamos compartir. Os animo para que publiquéis para y con nosotros.

Espero que podáis disfrutar con este número y que lo celebremos en el siguiente.

Olga B. Díez Puig, DIRECTORA DE MOSAICO

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Trauma y Terapia Famiilar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos.