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Mosaico 92: VI Congreso Ibérico de Terapia Familiar y 44 CNTF: » La riqueza de la terapia familiar sistémica: Diversidad y creatividad en nuestros diferentes contextos de intervención».

Como es costumbre en Mosaico, inauguramos el año con nuestro ejemplar en papel, una rara avis en el panorama actual de las revistas científicas. Un verdadero lujo para quienes seguimos disfrutando del ritmo pausado y reflexivo que permite la lectura impresa. Y, fieles también a nuestra tradición, este número está dedicado a nuestro encuentro anual: el 44º Congreso Nacional de Terapia Familiar y, en esta ocasión, al VI Congreso Ibérico de Terapia Familiar, celebrado en Oporto el pasado mes de octubre. Ya quedaba lejos la última visita del Congreso Ibérico a tierras portuguesas -Coimbra 2018- y más aún aquel primer encuentro celebrado en Barcelona hace ya diecisiete años.

Lo vivido en Oporto confirmó que sigue intacto el espíritu con el que nació este proyecto: algo más que un evento científico. Fue un espacio vivo de reconocimiento mutuo, diálogo y sentimiento de pertenencia entre las comunidades sistémicas de España y Portugal. Este número de Mosaico aspira a convertirse en un testimonio fiel de esa experiencia compartida. Intentamos trasladaros de nuevo a aquella atmósfera vibrante, reflejada en unas cifras que hablan por sí solas: casi 800 asistentes presenciales, más de 40 comunicaciones orales, 40 workshops y más de 50 posters. Una participación extraordinaria que da medida de la vitalidad del movimiento sistémico ibérico.

La riqueza de ese encuentro se ha plasmado en la amplia variedad de trabajos recibidos, suficientes para llenar varios monográficos. Por razones de espacio no ha sido posible incluirlos todos en esta edición, pero queda asumido el compromiso de ir publicándolos de forma progresiva en futuros números de la revista.

Como señalan las coordinadoras del monográfico, Maria Filomena da Fonseca Gaspar y Maria Gouveia-Pereira, esta edición se ha construido alrededor del lema del Congreso: “La riqueza de la terapia familiar sistémica: diversidad y creatividad en nuestros diferentes contextos de intervención”. Ese espíritu recorre cada una de las contribuciones aquí reunidas, que evidencian la intensidad del trabajo clínico, la investigación y la reflexión teórica en el vasto y complejo campo de las relaciones humanas.

El número se completa con otros artículos que, aun situándose fuera del monográfico, amplían la mirada: la segunda parte de Buscando las raíces de la cooperación de Ricardo Ramos (cuya primera parte apareció en el nº 88), el Premio de Investigación 2023, las reflexiones sobre el estilo terapéutico de los alumnos de Sant Pau y, como invitación final a la lectura, la recensión de Hans Sotelo sobre el último libro de Juan Miguel de Pablo. Cerramos, como ya es tradición en la edición impresa, con la sección “25 años de FEATF” de Roberto Pereira, que nos transporta a los inicios del cambio de siglo.

Nos complace además anunciar que la Revista Psicoterapia (UNED) nos ha invitado a coordinar un monográfico sobre Terapia Familiar Sistémica para noviembre de 2026. Se trata de una publicación internacional consolidada desde 1990, dirigida a profesionales de la psicoterapia y de la salud mental. Una magnífica oportunidad para seguir difundiendo el paradigma sistémico en la comunidad científica más amplia.

Esperamos que este número 92 sea una invitación a seguir pensando, investigando y creando juntos. Que las experiencias compartidas en Oporto nos acompañen durante este año y nos animen a continuar construyendo una Terapia Familiar Sistémica viva, abierta y comprometida con las personas y las relaciones que la sostienen.

Sergio Siurana.

Director de Mosaico.

Mosaico 91: Violencias y Terapia Familiar

Ya está aquí septiembre para comenzar un nuevo curso que nos brinda la oportunidad de retomar rutinas y plantearnos nuevos proyectos. Nuestra revista también tiene nuevas propuestas para este curso venidero. En la página vecina, nuestro presidente Jorge Gil, nos anuncia la consolidación de un plan de comunicación de la FEATF donde Mosaico también tendrá un papel relevante.

Este número que tienes entre manos trata de las violencias. Y en plural, como nos sugirió el coordinador de este monográfico, Raúl Gutiérrez, en sus primeros esbozos. Porque existen distintas violencias con sus múltiples aristas, con sus peculiaridades y, por supuesto, con sus distintas herramientas para cada una de ellas.

Violencias que siempre han acompañado a la humanidad desde el inicio de los tiempos, en todas las sociedades y en cada uno de los sistemas. La familia no es ajena a ello y la Terapia Familiar Sistémica siempre ha sido pionera en la investigación y en su intervención. Y este número es un buen reflejo de ello. El hogar, ese lugar donde tantas veces buscamos seguridad, puede volverse también espacio de dolor y de miedo. Desde la terapia familiar sistémica, nos sentimos interpelados a mirar de frente esta realidad para intervenir en los vínculos que puedan reparar lo que la violencia haya fracturado.

Como decíamos, en plural, porque se adentra en muchas de las formas en que la violencia se expresa y en cómo nuestro trabajo terapéutico puede transformarlo. Roberto Pereira, con doble contribución, junto a Terebel Jiménez, Andrés Lombás o Manuel Benedí, profundiza en la violencia filio-parental, su diagnóstico y abordaje. Violeta Lasheras nos recuerda las huellas en los hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género, mientras que Héctor Vergara matiza el fenómeno en tres dimensiones. Carmen Domingo, por su parte, nos lleva al inicio del vínculo: la parentalidad y la perinatalidad.

En sintonía con el enfoque del monográfico, este número amplía el foco con experiencias clínicas en contextos especialmente vulnerables: el sistema de protección a la infancia (Alba Calvo), el acogimiento y la adopción (Carlos Ceballos, Anna Catalán y Sabina Díaz), la terapia de pareja (Patricia Maguet y Pablo Quiroga), los Trastornos de conducta alimentaria (el programa Minerva con Marina Fàbrega y Juana Marina Trinidad) y la posvención con José M. Antón y Laura Antón, una conversación difícil y necesaria sobre la construcción familiar del suicidio.

También hay tiempo para la investigación con la contribución del equipo de Itxaso Santamaría y su Evaluación del funcionamiento familiar, a través del SCORE-15 en una Unidad Terapéutica-Educativa.

Finalizamos el monográfico con una deuda que teníamos desde el número 88. Ese número dedicamos el monográfico al Amor y Terapia Familiar, coincidiendo con el fallecimiento de Sue Johnson y donde realizamos un pequeño homenaje. En este número compartimos un segundo artículo – no publicado antes en español – de esta brillante autora gracias a la colaboración de Lola Fatás y del Centro Internacional para la Excelencia en Terapia Focalizada en las Emociones

Esperemos que disfrutéis de este número y que sea motivador para iniciar nuevas ideas y proyectos en este curso que comienza. Desde Mosaico queremos que este número sirva para sensibilizar en la prevención de las violencias, motivar a los profesionales a formarse y a la creación de programas de apoyo, donde las historias puedan reescribirse y las relaciones repararse.

No quería despedirme de todos vosotros sin animaros a participar en el VI Congreso Ibérico de Terapia Familiar, que se celebrará en Oporto los días 16, 17 y 18 de octubre. Será una magnífica oportunidad para compartir experiencias y fortalecer la red profesional de nuestra familia sistémica. Vemo-nos no Porto!

Sergio Siurana.

Director de Mosaico

Mosaico 90: Trauma y Terapia Familiar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos. Los sistémicos sostenemos que las teorías y tratamientos centradas en una perspectiva lineal presentan limitaciones y, por el contrario, entendemos como sus efectos atraviesan a las familias y a las distintas generaciones. Para obtener mayor eficacia en la intervención necesitamos herramientas con una mirada relacional que permita acompañar el sufrimiento, transformar la narrativa y facilitar el cambio.

Y así debieron pensar en la Asociación Aragonesa el año pasado para organizar la jornada “Abordando el trauma en terapia familiar: Herramientas para la prevención y reparación”, verdadero germen de este monográfico coordinado por Blanca Armijo que, no solo ha hilvanado brillantemente las reflexiones expuestas en Zaragoza, sino que hizo la invitación a participar a más miembros de la familia sistémica. Y esa respuesta es el resultado de esta publicación, demostrando que los terapeutas familiares entendemos del trauma.

Este número de Mosaico se adentra de lleno en esa complejidad y reúne experiencias, reflexiones y recursos terapéuticos que nos invitan a revisar cómo trabajamos desde nuestras consultas y equipos. Recursos terapéuticos que van desde la intervención en crisis hasta la resiliencia, pasando por la mentalización y la familia de origen del terapeuta. Experiencias en contextos tan distintos como la consulta privada o una unidad de hospitalización breve. Problemas tan distintos, pero a la vez tan traumáticos como son las adicciones, las relaciones basadas en un exceso de control o el abuso sexual intrafamiliar. Caracterizando al enfoque relacional como clave para comprender el trauma y abrir nuevos caminos de crecimiento.

Ilustra este monográfico experiencias del Congreso de Barcelona que nos vuelven a transportar a aquellos días de unión y aprendizaje, lo que nos recuerda el impacto y las aportaciones que generó y que aquí celebramos publicándolas. Por cierto, ya están abiertas las inscripciones para el próximo Congreso que se celebrará en Oporto, con lo que pronto podremos volver a encontrarnos. En la última página tenéis la información.

Y como ya se acerca el verano y, con él, más tiempo para la lectura, Sara González nos hace una recomendación literaria de uno de los autores más prolíficos de nuestra comunidad: Ricardo Ramos y su reciente libro “La terapia como empeño colaborativo. Cambio, colaboración profesional y conflicto”

Desde estas líneas queremos agradecer profundamente a cada autor y autora por su generosidad y compromiso, y a quienes cada día hacen posible que este proyecto siga siendo un lugar de encuentro y pensamiento crítico para la comunidad sistémica. Esperamos que este número sirva para seguir abriendo espacios donde el trauma pueda ser nombrado, comprendido y, sobre todo, que las familias puedan sentirse seguras y acompañadas.

Sergio Siurana

Director de Mosaico

Mosaico 88: Amor y Terapia Familiar

Llega septiembre y con ella el final del verano, los viajes de placer, las vacaciones, el descanso… Y volvemos a la rutina, al trabajo, a madrugar, a ponernos a dieta… Pero también vuelve Mosaico con su número 88. Un número que estamos seguros que no os decepcionará, ya que su monográfico está dedicado al nutriente fundamental de la familia: El amor. El amor es, quizá, el tema que ha generado más literatura en todas sus versiones y en Mosaico todavía no lo habíamos tratado en la profundidad que lo merece. Porque el amor en la Terapia Familiar siempre aparece de forma subyacente, tanto por su presencia como por su ausencia.

¿Se puede enfermar por falta de amor? ¿Cómo ha influido en las relaciones sexuales y en el amor la secularización de la sociedad? ¿E Internet y las redes sociales? ¿Cómo es la relación entre la muerte y el amor? Son preguntas que tendrán respuesta en este número. Como colofón de este monográfico dirigido con brillantez por Manuel Martín, tenemos que agradecer a Lola Fatás y al Centro Internacional para la Excelencia en Terapia Focalizada en las Emociones que nos haya permitido traducir al español uno de los más brillantes artículos de Sue Johnson para este monográfico. Hemos querido, así, brindar nuestro sentido homenaje a su reciente fallecimiento, como ya os anunciamos en el número anterior. Antes de dicho artículo, podréis encontrar el emocionante obituario escrito por Lola Fatás. Pero no solo de amor vive la Terapia Familiar y también encontraréis artículos de alta calidad científica que, seguro, os resultan muy interesantes venidos de diferentes lugares hispanohablantes como España, México y Chile. Temas tan actuales como las autolesiones, las adicciones, la depresión, la violencia de género y el uso en psicoterapia del árbol de la vida. Y para comenzar nuestra revista, el trabajo en red de nuestro Ricardo Ramos al que siempre nos alegramos de encontrarlo en nuestras páginas.

Cerramos el número con otro sentido homenaje de dos figuras de la terapeuta familiar portuguesa como son José Manuel Almeida e Costa, miembro fundador de la SPTF y de Elisabete Ferreira, que también fue presidenta de la SPTF. Joana Sequeira y Ana Gomes les realizan un merecido homenaje, reconociendo sus invaluables contribuciones a la Terapia Familiar. Queremos también que sirva esta editorial para recordar a Teresa Suárez que también nos dejó recientemente. Pionera de la Terapia Familiar en España, maestra de muchos de nosotros, referente en la salud mental comunitaria y miembro fundadora de AESFASHU, entre tantos y tantos méritos. DEP Por último y para acabar con buen sabor de boca, queremos recordar que pronto estaremos haciendo maletas para encontrarnos en un nuevo Congreso Nacional de Terapia Familiar. Este año nos veremos en Barcelona los días 24, 25 y 26 de octubre para reflexionar sobre un tema en el que la Terapia Familiar Sistémica tiene mucho que decir: la prevención en salud mental. Desde aquí os animamos a que participéis, tanto en la reflexión y el debate, como en volvernos a encontrar de forma presencial para seguir haciendo grande la familia sistémica.

Sergio Siurana. Director de Mosaico.

Mosaico 86: Monográfico: 42 Congreso Nacional de Terapia Familiar. Familias y organizaciones en canal: una vuelta a la sistémica

Este número 86 es un número especial. En primer lugar, es en papel, como lo son los Mosaicos dedicados a los CNTF. El papel sigue teniendo un valor simbólico y una sensación implícita que todavía no ha conseguido lo digital.

En segundo lugar, porque el de Valencia fue un congreso excepcional en todos los sentidos. En estas páginas encontraréis un pequeño testimonio de lo que allí vivimos y que puede llevar, al lector que no lo presenció, a intuir parte de aquella experiencia.

Y, en tercer lugar, por los cambios acontecidos en nuestra familia sistémica. Cambió la junta directiva presidida por Ana Caparrós y comenzó su andadura la presidencia de Jorge Gil -con su nuevo equipo- que os saluda en la página vecina. Gracias Ana y resto de junta por vuestro esfuerzo y dedicación, en unos años tan difíciles como fueron los de la pandemia. Cuando no podíamos estar juntos hicisteis lo inimaginable para que siguiéramos unidos.

También, ha cambiado la dirección de Mosaico. Es la primera vez que tengo la oportunidad de comunicarme a través de esta vía con todos vosotros y es un honor hacerlo en este número tan especial. Coordinadores de monográfico, equipo de redacción y articulistas, esperamos que lo disfrutéis tanto como nosotros lo hemos hecho mientras se gestaba el 86 de Mosaico. Consideramos que existen motivos más que suficientes para sumergirse en su lectura.

El monográfico, coordinado magníficamente por Emma Tomás, consigue que el lector de Mosaico pueda introducirse en ese canal inaugurado en el lema del 42CNTF para unir a familias, a organizaciones y a sistémicos.

En la sección de investigación encontramos el Repositorio de la FEATF, donde Alberto Zamanillo, nos presenta este proyecto que tanto promete. Y la sección Y más, nos sugiere con la idea macroscópica de “miserias” que, como dice Layo Abreu, es un concepto potente, relevante y que aquí lo podemos encontrar con su tono desenfadado e, incluso, con el humor que caracteriza a la comunidad de Macroscopio.

Y cerramos este número con la memoria de la FEATF. Roberto Pereira llega fiel

a su cita con el papel para recordarnos qué ocurría en nuestra querida Federación (y en Mosaico) hace 25 años. Podemos comprobar cómo hemos cambiado en algunas cosas y, en otras, tan poco como, por ejemplo, la cuestión de la psicoterapia que ya era un debate recurrente en 1998.

Como decía al inicio, todos los que hemos trabajado en este número nos hemos esforzado lo máximo para homenajear a Javier Ortega. Porque no podía acabar mi primera editorial para Mosaico sin referirme a Javier que, durante 15 años, ha sido el faro que ha guiado esta revista y la ha convertido en la casa acogedora que es para toda la familia sistémica.

Tuvo su merecido homenaje en la Asamblea de Valencia, pero es de justicia que también se lo realicemos en estas líneas, en su querida Mosaico. Javier Ortega, no solo ha sido un magnífico director y una excelente pluma, sino que ha conseguido que esta revista se haya convertido en un referente en el ámbito de la Terapia Familiar Sistémica. Su compromiso y dedicación han sido su sello de identidad y un maestro para todos los que hemos sido miembros en su equipo de dirección. Por ello, me siento honrado de continuar el legado dejado por Javier Ortega, sabiendo que sigue presente para que, en cualquier momento, nos aporte con su experiencia y buen hacer. Gracias, Javier.

Sergio Siurana.

Director de Mosaico.

Mosaico 85: Monográfico: Aportaciones del modelo relacional sistémico a la comprensión y el tratamiento de los Trastornos Límite de Personalidad

MOSAICO llega, con éste que tienes virtualmente entre las manos, a su número 85, un número que pone de manifiesto su prolongada trayectoria y su buena salud, en un mundo donde las publicaciones especializadas no siempre gozan de una vida tan larga y productiva. No es casual, claro, sino fruto del empeño conjunto de numerosas personas que, trabajando desde la intendencia, ayudan a que ello sea posible. Autores y autoras que nos presentan sus trabajos, jueces ciegos que los valoran y señalan su pertinencia –o no- para la publicación, oordinadores de los monográficos, que tejen una tupida red de colaboraciones y levantan con su ánimo esa joya de la revista que tan útil resulta a nuestros terapeutas, correctores de estilo, maquetadores gráficos y, en fin, por detrás también el apoyo y la confianza de la Junta Permanente de la FEATF, avivando con su empuje y publicitando con su talento relacional la respiración de la revista.

Este año, en breve, estaremos asistiendo en Valencia a un nuevo Congreso Nacional de Terapia familiar de nuestra Federación, con un tema central lleno de posibilidades: “Familias y organizaciones en canal: Una vuelta a la sistémica”, título bajo cuyo paraguas vamos a volver a encontrarnos amigos viejos y conocidos nuevos que tenemos en común esa rica mirada sistémica de la complejidad, cuya potencia usamos en aquellos contextos donde cada cual trabajamos.

Tras cuatro años se despide la Presidenta Ana Caparrós y su equipo. Ha sido un período singular, en que nos vimos forzados a afrontar lo inesperado de una pandemia que nadie podía haber imaginado hasta que sucedió. La pandemia trajo numerosos cambios y desveló las posibilidades inexploradas hasta entonces de la virtualidad de las redes. La Federación no se arredró y sus miembros pusieron en juego su inventiva y recursos para que la nave siguiera navegando.

Aprendimos, en carne propia, que las crisis suponen un riesgo para cualquier organización, pero también una rica oportunidad. Ahora que la Junta y su Presidenta se despiden, la perspectiva del tiempo nos permite reconocer que su esfuerzo no fue baldío.

Llegará en breve una nueva Junta y la nave seguirá surcando el mar. A estos nuevos marineros les deseamos lo mejor, de corazón y no porque esté en absoluto obligado a decirlo. Uno sabe que puede callar, y que hasta el silencio es comunicación; pero en este caso, se me antoja necesario desear lo mejor, porque así lo siento de veras.

También Mosaico debe renovarse. Es ley no escrita, pero de vital importancia, que lo nuevo llegue y, sin arrumbar la experiencia de lo viejo, aproveche el impulso que le da su fuerza inaugural para llevar la revista a nuevas cotas. He sido director de la revista en dos etapas, de 2004 a 2008 y de 2012 hasta 2023, gozando de la confianza de varias juntas durante la friolera de 15 años. Han sido años muy fructíferos y plenos, de gran intensidad. Mosaico me ha dado más de lo que me ha quitado: me ha dado muy buenos amigos y amigas y me ha permitido conocer y relacionarme con personas a las que admiro y respeto, que son buenos terapeutas porque, principalmente, son buenas personas. Como creo que uno se mide por los amigos y amigas que conserva, espero haber estado a la altura.

Quiero aprovechar estas últimas líneas para agradecer la confianza de tantos y tantas que me ayudaron en esta labor. Nombrar la lista de mis agradecimientos la haría demasiado larga. Me consuela saber que lo saben. Eso basta.

Javier Ortega Allué.

Director de Mosaico.

Mosaico 84: Monográfico: «Familias, infancia y adolescencia”.

Niños y adolescentes siguen ocupando un lugar central en la reflexión y las buenas prácticas sistémicas, acaso porque todo nos lleva a pensar que el buen hacer con unos y otros está inextricablemente ligado a nuestro futuro como sociedad humana y compasiva. Y ello porque el adolescente es el proyecto de vida con que iniciamos nuestra andadura, pero lo es en toda su pasión y, por tanto, con todas sus virtudes y sus inevitables sesgos y exageraciones. Lo que hoy somos se lo debemos, en buena medida, a las energías que dejó en nosotros aquel proyecto formativo y vital que fuera nuestra adolescencia. Por tanto, nada tan necesario como volver la mirada a estas etapas precoces, a partir de las cuales se gestaron salvaciones y destinos.

Son numerosos los autores de prestigio que nos incitan a que miremos y escuchemos a los niños; y, en su prolongación, también a los adolescentes. Preventivamente, el trabajo en estas edades es fundamental, y los profesionales tenemos la obligación moral y laboral de ocuparnos de las infancias desdichadas, de aquellos niños y niñas que no han tenido la suerte de contar con progenitores suficientemente buenos en el ejercicio de su parentalidad. No se trata, creo, de buscar culpables, pero sí de atender a la responsabilidad que todo ello presupone. Pequeños maltratados, negligidos, desatendidos en sus necesidades básicas de nutrición relacional, valoración y cuidado, tienen altas posibilidades de acabar siendo, si no se interviene preventivamente sobre esta realidad de des[1]cuido y abandono, adultos malheridos y gravemente perturbados.

Nuestra responsabilidad como adultos, pero también como profesionales, es elevada. Como señala con acierto Joana Alegret en uno de los artículos que publicamos en este número, la necesidad de continuar la formación es una exigencia ineludible. Para cuidar y, también, para cuidarse. Se trata a menudo de 5 profesionales muy implicados, a veces trabajando en condiciones precarias, con numerosos casos que atender, y de gran complejidad. Profesionales que saben que el acogimiento, por sí mismo, no es la solución de algunas de estas situaciones; como tampoco lo es, por si sola, la psicoterapia. La sinergia de las intervenciones se hace aquí imprescindible: trabajar juntos para trabajar mejor, pero también para compartir angustias y, por qué no, momentos gozosos, cuando se abre poco a poco la salud y la esperanza en el horizonte existencial de cualquier niño o adolescente.

Tengo la suerte de supervisar a algunos equipos que trabajan con la infancia y debo confesar que pocas veces he visto tanta entrega y vocación, tanta compasión y cuidado, tantas ganas de destacar las competencias más que de fijarse en las desventajas de los sistemas de pertenencia, como la que traslucen es[1]tos profesionales en sus intervenciones. La mirada sistémico relacional ayuda no poco en potenciar estos aspectos, pero sin su buen hacer nada de todo ello sería posible.

Como nos recuerda Barudy, un vínculo suficientemente seguro es siempre protector de la salud mental de niños y adolescentes. Más, incluso, que otros facto[1]res como son la pobreza o las dificultades sociales. Un vínculo suficientemente seguro entre una madre o un padre y sus hijos, así como una parentalidad en la que prevalezcan las conductas de cuidado, afecto y protección son, nadie lo dude, factores de inmensa potencialidad protectora. Prevengamos, pues, antes de que se haga demasiado tarde.

Javier Ortega Allué

Director de Mosaico

Mosaico 83: Monográfico: V Congreso Ibérico de Terapia Familiar. Familias en el siglo XXI. Desafíos a la terapia familiar sistémica.

Para quienes sentimos la añoranza del tacto del papel y del olor a imprenta, recibir el MOSAICO que cada año dedicamos a los Congresos y Jornadas es un acontecimiento singular, una expectante espera, que se satisface hoy con el número que tenemos entre las manos. Detrás, en la sombra, un equipo de afanadas personas que lo hacen posible, y a quienes hay que agradecer sus embozados esfuerzos: coordinadores del monográfico, autores y autoras que nos hacen partícipes de sus trabajos, comité de redacción en pleno, correctores, jueces y valoradores que analizan los detalles de cada publicación…

Aquí está, pues, ajustando al máximo los tiempos, el número dedicado al Congreso, en que concurren la celebración del V Congreso Ibérico y el XLI Congreso de FEATF. Un pequeño pero significativo testimonio de lo que dio de sí la cita madrileña.

Los congresos suelen ser ocasión científica, pero también festiva y relacional, para compartir con otras personas de nuestro ámbito de trabajo aquello que hoy nos ocupa y que hemos visto reflejado en ponencias, talleres, comunicaciones y pósteres; y de lo que hemos hablado informalmente en las pausas para el café o en las comidas y cenas que juntos hemos compartido. Levantar un Congreso como el Ibérico no es pequeña tarea y hay que agradecer a quienes han estado trabajando en ello durante estos últimos dos años la lograda puesta en escena del mismo y el resultado final y sus conclusiones.

Parece, pues, que la terapia familiar sistémica y el modelo relacional interesan cada día un poco más. Su demostrada potencia en numerosos contextos, más allá del específicamente clínico en que tuvo su origen, da testimonio de ello. Uno lo nota cuando escucha a hablar a colegas que, desde otros modelos, han sido conquistados por nuestra propia terminología, a sabiendas o no, y por una mirada que pone en las relaciones y en sus fenómenos concomitantes buena parte del bienestar que no está dado alcanzar a las personas.

La mirada sistémica ha conquistado en pocas decenas de años un lugar de privilegio para hablar de lo que sucede a las personas que conviven con personas, para hablar de lo no dicho y de lo que aún podemos decir. Con nuestro sello personal, abriendo espacios, flexibilizando miradas, aportando reflexiones a los más acuciantes problemas que una sociedad compleja como la nuestra no puede evitar, haciendo especial incidencia en las capacidades y competencias que todos los seres humanos tenemos y podemos activar. El abanico de posibilidades terapéuticas es amplio y el modelo relacional-sistémico se abre así poderosamente para, en la medida en que aporta esa mirada vincular, proponer soluciones y cambios a múltiples niveles: individual, familiar, contextual. Lo hemos visto en este Congreso y esperamos haberlo reflejado con suficiente fidelidad en este número de MOSAICO.

No nos olvidamos que en todo esto hay un trasfondo político inevitable. Porque los sistémicos trabajamos en una cierta dirección, hacia la salud, hacia el bienestar, hacia la justicia y la creación de una sociedad que tenga en cuenta cada vez más el papel que cada uno de nosotros juega en ella, como individuos responsables, con una inalienable dignidad y una irrenunciable libertad. Logros que se han conquistado, pero que siempre están en precario, como todo lo humano, y que hay que seguir defendiendo para no perderlos. Este Congreso nos incita a no olvidarnos de ello, y MOSAICO levanta testimonio.

Javier Ortega

Director de MOSAICO

Mosaico 82: Familia, pareja y procesos migratorios: entre los desafíos y el crecimiento.

La migración es un proceso de largo alcance histórico, ante el cual no parece lo más oportuno cerrar los ojos y mirar despreocupadamente hacia otro lado. Millones de personas se mueven de manera creciente buscando lugares donde poder establecerse, vivir y prosperar en el mejor de los casos; sobrevivir en el resto, huyendo a menudo de guerras, hambrunas, catástrofes naturales y otras provocadas por la codicia de otros seres humanos. En cierta medida, podemos asegurar sin temor a errar que hoy se cuenta como minoritario y hasta excepcional el grupo humano que no haya vivido alguna forma de migración en su seno y, por tanto, no haya padecido todos los procesos que acompañan a esta circunstancia vital: duelo, pérdida, añoranza, estrés postraumático, situaciones que, a menudo, ponen en peligro la vida y someten a los individuos a condiciones inhumanas y hondamente dramáticas… Como toda circunstancia humana, la migración tiene un haz y un envés, unas ganancias en la cuenta del haber y unas pérdidas en la del debe. Y no siempre, por desgracia, la cuenta se equilibra.

De este asunto tratamos en nuestro monográfico, muy bien coordinado por Aliety Fernández, que cuenta con la firma de profesionales de gran prestigio y pericia en el tema, lo que hace aún más valiosa, si cabe, su generosa aportación. Y no sólo por su contribución teórica, sino a menudo vivencial también. Un número no pequeño de colegas con los que hablamos habitualmente o los mismos autores escriben en estas páginas de MOSAICO fueron o mantienen aún su condición trashumante, de homo viator, que forma parte de la cultura de la Humanidad desde, al menos, los tiempos míticos de Adán y Eva. Por lo que sabemos, migrar es, en el fondo, un condicionante cultural en la vida de las personas, más frecuente de lo que a primera vista pudiera parecernos.

Basta que ampliemos el foco desde el individuo a su historia transgeneracional para poder captarlo en su efectiva plenitud.

No quisimos dejar pasar, pues, la ocasión que se nos brindaba para compartir de qué forma se está trabajando en diversos continentes un tema tan actual y tan permanente. Y de qué modo la mirada relacional sistémica aporta el elemento contextual, ético e incluso político que nos ayuda a comprender mejor la complejidad de estos procesos en que se aúnan a un tiempo el sufrimiento con las fortalezas, las carencias con las competencias, el bienestar psicofísico con el malestar social y económico que concitan estos procesos. No cabe que estas situaciones pasen desapercibidas a los psicoterapeutas y otros agentes sociales que trabajan para fomentar el bienestar humano, la equidad y la dignidad de los individuos y fortalecer sus sistemas de pertenencia. Y menos aun cuando la migración va a conformar la línea de horizonte de un futuro que se aproxima a grandes zancadas, requiriendo de nosotros, los profesionales, la aceptación de los nuevos retos que ello habrá de suponer.

No quiero terminar sin hacer llegar una invitación a los miembros de las sociedades que componen nuestra Federación para que se animen a participar en el próximo V Congreso Ibérico y XLI Congreso de FEATF, que se celebrará en Madrid entre los días 10 y 12 de noviembre, y tratará sobre las familias en el siglo XXI y los desafíos que ello supone para la terapia familiar sistémica. Ocasión de vernos de nuevo y de intercambiar conocimientos y experiencias y también, por qué no, ocasión para contribuir con vuestras aportaciones a que Mosaico siga creciendo y haciéndose eco de las intervenciones más punteras en nuestro ámbito de trabajo. Conviene que no olvidemos lo que dejó dicho Kant: Sapere aude. Pues eso: Scribere aude.

Javier Ortega Allué.

Director de MOSAICO

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El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos.