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Mosaico 91: Violencias y Terapia Familiar

Ya está aquí septiembre para comenzar un nuevo curso que nos brinda la oportunidad de retomar rutinas y plantearnos nuevos proyectos. Nuestra revista también tiene nuevas propuestas para este curso venidero. En la página vecina, nuestro presidente Jorge Gil, nos anuncia la consolidación de un plan de comunicación de la FEATF donde Mosaico también tendrá un papel relevante.

Este número que tienes entre manos trata de las violencias. Y en plural, como nos sugirió el coordinador de este monográfico, Raúl Gutiérrez, en sus primeros esbozos. Porque existen distintas violencias con sus múltiples aristas, con sus peculiaridades y, por supuesto, con sus distintas herramientas para cada una de ellas.

Violencias que siempre han acompañado a la humanidad desde el inicio de los tiempos, en todas las sociedades y en cada uno de los sistemas. La familia no es ajena a ello y la Terapia Familiar Sistémica siempre ha sido pionera en la investigación y en su intervención. Y este número es un buen reflejo de ello. El hogar, ese lugar donde tantas veces buscamos seguridad, puede volverse también espacio de dolor y de miedo. Desde la terapia familiar sistémica, nos sentimos interpelados a mirar de frente esta realidad para intervenir en los vínculos que puedan reparar lo que la violencia haya fracturado.

Como decíamos, en plural, porque se adentra en muchas de las formas en que la violencia se expresa y en cómo nuestro trabajo terapéutico puede transformarlo. Roberto Pereira, con doble contribución, junto a Terebel Jiménez, Andrés Lombás o Manuel Benedí, profundiza en la violencia filio-parental, su diagnóstico y abordaje. Violeta Lasheras nos recuerda las huellas en los hijos e hijas de mujeres víctimas de violencia de género, mientras que Héctor Vergara matiza el fenómeno en tres dimensiones. Carmen Domingo, por su parte, nos lleva al inicio del vínculo: la parentalidad y la perinatalidad.

En sintonía con el enfoque del monográfico, este número amplía el foco con experiencias clínicas en contextos especialmente vulnerables: el sistema de protección a la infancia (Alba Calvo), el acogimiento y la adopción (Carlos Ceballos, Anna Catalán y Sabina Díaz), la terapia de pareja (Patricia Maguet y Pablo Quiroga), los Trastornos de conducta alimentaria (el programa Minerva con Marina Fàbrega y Juana Marina Trinidad) y la posvención con José M. Antón y Laura Antón, una conversación difícil y necesaria sobre la construcción familiar del suicidio.

También hay tiempo para la investigación con la contribución del equipo de Itxaso Santamaría y su Evaluación del funcionamiento familiar, a través del SCORE-15 en una Unidad Terapéutica-Educativa.

Finalizamos el monográfico con una deuda que teníamos desde el número 88. Ese número dedicamos el monográfico al Amor y Terapia Familiar, coincidiendo con el fallecimiento de Sue Johnson y donde realizamos un pequeño homenaje. En este número compartimos un segundo artículo – no publicado antes en español – de esta brillante autora gracias a la colaboración de Lola Fatás y del Centro Internacional para la Excelencia en Terapia Focalizada en las Emociones

Esperemos que disfrutéis de este número y que sea motivador para iniciar nuevas ideas y proyectos en este curso que comienza. Desde Mosaico queremos que este número sirva para sensibilizar en la prevención de las violencias, motivar a los profesionales a formarse y a la creación de programas de apoyo, donde las historias puedan reescribirse y las relaciones repararse.

No quería despedirme de todos vosotros sin animaros a participar en el VI Congreso Ibérico de Terapia Familiar, que se celebrará en Oporto los días 16, 17 y 18 de octubre. Será una magnífica oportunidad para compartir experiencias y fortalecer la red profesional de nuestra familia sistémica. Vemo-nos no Porto!

Sergio Siurana.

Director de Mosaico

Mosaico 88: Amor y Terapia Familiar

Llega septiembre y con ella el final del verano, los viajes de placer, las vacaciones, el descanso… Y volvemos a la rutina, al trabajo, a madrugar, a ponernos a dieta… Pero también vuelve Mosaico con su número 88. Un número que estamos seguros que no os decepcionará, ya que su monográfico está dedicado al nutriente fundamental de la familia: El amor. El amor es, quizá, el tema que ha generado más literatura en todas sus versiones y en Mosaico todavía no lo habíamos tratado en la profundidad que lo merece. Porque el amor en la Terapia Familiar siempre aparece de forma subyacente, tanto por su presencia como por su ausencia.

¿Se puede enfermar por falta de amor? ¿Cómo ha influido en las relaciones sexuales y en el amor la secularización de la sociedad? ¿E Internet y las redes sociales? ¿Cómo es la relación entre la muerte y el amor? Son preguntas que tendrán respuesta en este número. Como colofón de este monográfico dirigido con brillantez por Manuel Martín, tenemos que agradecer a Lola Fatás y al Centro Internacional para la Excelencia en Terapia Focalizada en las Emociones que nos haya permitido traducir al español uno de los más brillantes artículos de Sue Johnson para este monográfico. Hemos querido, así, brindar nuestro sentido homenaje a su reciente fallecimiento, como ya os anunciamos en el número anterior. Antes de dicho artículo, podréis encontrar el emocionante obituario escrito por Lola Fatás. Pero no solo de amor vive la Terapia Familiar y también encontraréis artículos de alta calidad científica que, seguro, os resultan muy interesantes venidos de diferentes lugares hispanohablantes como España, México y Chile. Temas tan actuales como las autolesiones, las adicciones, la depresión, la violencia de género y el uso en psicoterapia del árbol de la vida. Y para comenzar nuestra revista, el trabajo en red de nuestro Ricardo Ramos al que siempre nos alegramos de encontrarlo en nuestras páginas.

Cerramos el número con otro sentido homenaje de dos figuras de la terapeuta familiar portuguesa como son José Manuel Almeida e Costa, miembro fundador de la SPTF y de Elisabete Ferreira, que también fue presidenta de la SPTF. Joana Sequeira y Ana Gomes les realizan un merecido homenaje, reconociendo sus invaluables contribuciones a la Terapia Familiar. Queremos también que sirva esta editorial para recordar a Teresa Suárez que también nos dejó recientemente. Pionera de la Terapia Familiar en España, maestra de muchos de nosotros, referente en la salud mental comunitaria y miembro fundadora de AESFASHU, entre tantos y tantos méritos. DEP Por último y para acabar con buen sabor de boca, queremos recordar que pronto estaremos haciendo maletas para encontrarnos en un nuevo Congreso Nacional de Terapia Familiar. Este año nos veremos en Barcelona los días 24, 25 y 26 de octubre para reflexionar sobre un tema en el que la Terapia Familiar Sistémica tiene mucho que decir: la prevención en salud mental. Desde aquí os animamos a que participéis, tanto en la reflexión y el debate, como en volvernos a encontrar de forma presencial para seguir haciendo grande la familia sistémica.

Sergio Siurana. Director de Mosaico.

Mosaico 78 (DIGITAL): Psicooncología y Terapia Familiar

Que nos acostumbramos a la desgracia mucho más que a la dicha, es algo que admite pocas dudas. Lo bueno es tan escaso como breve, pero esas pequeñas islas de felicidad ayudan a sobrellevar mejor los malos momentos y las ocasiones desperdiciadas. El ser humano avanza lentamente en su camino de supervivencia, y tanta atención a los peligros y tanta capacidad adaptativa no debe ser tomada en vano, sino como signo preclaro de cierta inteligencia evolutiva por parte de nuestra especie. Miramos el mundo desde la esperanza, pero ello no quita un ápice al peso que tienen en nuestras vidas la desgracia y la desesperanza. Por decirlo de un modo metafórico, nosotros, los terapeutas, nos hemos entrenado en mirar con el ojo derecho lo bueno de lo malo y todos aquellos elementos apreciativos que solemos poner en valor cuando trabajamos acompañando a las familias en su viaje por el sufrimiento. Pero no nos hemos quedado tuertos del ojo izquierdo, que es el que usa con más frecuencia la especie para estar sobre aviso y atender a los peligros. Así pues, los terapeutas aspiramos a disponer de una mirada bifocal sobre los acontecimientos y las vidas que, sin dejar de lado los aspectos más oscuros, nos permite vislumbrar la profundidad de la existencia y colocarnos en una disposición específica para mantener esa esperanza.

Hablar de esperanza en este Mosaico no es una contradicción. No lo es cuando tratamos de algo tan terrible y ubicuo como el cáncer, pero haciendo hincapié en los recursos y capacidades que las familias ponen en juego ante situaciones de tanta adversidad. Que aún estemos en el aparente final del túnel de la pandemia no nos debe hacer olvidar que muchas familias padecen, además, el impacto demoledor de las enfermedades avanzadas y de las etapas finales en la vida de los seres queridos.

Dichas situaciones reflejan la complejidad con que las personas abordamos, tras la pérdida o la enfermedad avanzada, la ayuda, la reconstrucción y la continuidad de nuestras vidas tras tales eventos. Tarde o temprano todos pasamos por circunstancias parecidas, que reflejan el carácter relacional del ser humano: nuestra dependencia de los demás y la constatación de nuestra propia fragilidad, sostenida por aquellos que conforman la red que nos protege, envuelve y sostiene. Nadie, al final, muere para sí solo; ni los sobrevivientes lo hacen sin el apoyo de algún vínculo significativo que les ayude a retomar las expectativas y objetivos de sus vidas a corto y medio plazo. Si algo podemos extraer de este abigarrado número de nuestro Mosaico es la conclusión de la gran creatividad con que los profesionales, hombres y mujeres de gran sensibilidad relacional, abordan estas situaciones tan complicadas y dolorosas, la muerte anunciada de uno de nuestros hijos, la rápida desaparición inesperada de cualquiera de nuestros padres y la supervivencia tras estos naufragios. Creatividad, cercanía, calor, ternura que reflejan entre líneas los artículos de este monográfico como pocas veces hemos leído.

Porque es casi un deber ético seguir hablando de lo que no se habla y poniendo voz a quienes la muerte quiso dejar en silencio.

Javier Ortega

Mosaico 75 (DIGITAL) Suicidio: Miradas sistémicas

Este era un número casi redondo de esos que una revista acostumbra a celebrar, pero hemos preferido   celebrarlo con nuestros lectores como sabemos aquí hacer las cosas: trabajando.

  

En pocas ocasiones ha estado la incertidumbre tan presente en nuestras vidas como en estos tiempos que nos están tocado padecer. Incertidumbre por el incierto futuro que se empieza a vislumbrar en el horizonte, por los cambios en nuestras relaciones y en los modos de vida que ya se están difusamente vislumbrando en el futuro cercano, por los efectos deletéreos que sobre aquellas seguridades sobre las que asentábamos nuestra existencia ha acabado teniendo la pandemia. En épocas inciertas como esta es cuando se ponen en marcha el ingenio, la capacidad del ser humano para adaptarse y seguir caminando, su instinto de supervivencia, también sus miedos y ansiedades, el recuerdo mismo de nuestra fragilidad, pero también de nuestras fuerzas y capacidades.

Lo que parecía imposible, distópico, ha ocurrido. Nos ha pillado con el paso cambiado, y nos hemos enfrentado a ello con una mezcla de sorpresa y de incredulidad. ¿Quién, hace tan sólo unos pocos meses, pensó que nos confinaríamos en nuestras casas por un tiempo indefinido, dejando en suspenso el cotidiano discurrir de nuestros días? ¿Quién sospechó siquiera que acabaríamos añorando las pequeñas oportunidades de felicidad que regaban nuestra vida? Muchas cosas han cambiado ya, y otras muchas están por cambiar en el próximo porvenir, sin que aún tengamos una perspectiva adecuada para vislumbrar la mayoría de tales cambios. No habrá nueva normalidad, sino otra cosa, a la que seguramente acabaremos acostumbrándonos, porque los seres humanos nos hacemos a casi todo.

Por el camino han ido quedado muchas personas, que nunca serán fríos números o cifras de una insensible estadística, sino personas que amaron, vivieron, consolaron, protegieron y lloraron con alguien; vidas truncadas cuya pérdida numerosas familias han tenido que afrontar o están afrontando como pueden, en una soledad física devastadora, que los profesionales de la salud han tratado de compensar con inventiva, generosidad y compasión. Ejemplos de su tarea y sacrificio no nos han faltado en estos dos meses.  Ahí también hemos estado los profesionales de la salud, cada uno desde su trinchera, pero dispuestos a ayudar y a ser solidarios con quienes necesitaban ser acompañados en su sufrimiento.

Hemos visto a muchos sacar lo mejor de sí mismos en este tiempo crítico, y a unos cuantos, menos por fortuna, mostrarnos también la inconsciencia de los desentendidos y la estupidez de los estultos.

La muerte de un ser querido, como señalaba Bowen, produce en los supervivientes una onda emocional de choque que, como esos círculos que provoca una piedra cuando se arroja a un lago de aguas tranquilas, tiende a provocar unos efectos que solo se pueden valorar en períodos de tiempo más amplios. La mal llamada vuelta a la normalidad o a la nueva normalidad (que si es nueva no es normal, y si es normal no es nueva) será un proceso adaptativo y, como tal, exigirá el paso del tiempo. Un tiempo diferente, subjetivo y personal. Pero en la vida no tenemos todo el tiempo del mundo, sino solo el tiempo que vamos viviendo. De pronto nos ha golpeado con fuerza el puñetazo de nuestra finitud, de su valor y de su incertidumbre. Nuestro gran tesoro, el tiempo, del que decía Séneca que no sabemos cuánto nos queda aún en la bolsa… De pronto se ha quebrado también la idea misma de la normalidad, porque ahora sabemos que ya no volveremos a algún espacio llamado normal, que era el que habitábamos hasta que todo esto sucedió. Iremos a alguna parte, pero nunca atrás. Aquel mundo que dejamos a nuestras espaldas ya no será el que empezaremos a construir a partir de mañana.

 En el caso de esta pandemia, la onda emocional de choque va a tener serias repercusiones sociales, entre las cuales no será la menor la necesidad de reorganizar muchas actividades de nuestra vida cotidiana, los desplazamientos, la asistencia a eventos masivos, la compra de las vituallas, el turismo, la simple visita al médico y a los hospitales. Ya hemos perdido la confianza en nuestra invulnerabilidad y se ha hecho trizas la leyenda de que estas cosas no podían ocurrir en países con alto nivel de vida. El enemigo invisible, una pequeña partícula, es capaz de vencer al forzudo Goliat y matarnos impunemente, o dejar malparada la economía y tronchar las oportunidades profesionales de toda una generación.

Como sucede en otros casos de pérdidas, necesitamos integrar cuanto venimos padeciendo en un relato que otorgue sentido, que dé razón y coherencia a la lucha y a la continuidad de los sobrevivientes. Siempre que hay pérdidas, suele haber inesperadas ganancias y aprendizajes, pero veremos cuáles son. Desde los más píos deseos, esperamos que el mundo se conciencie, que los valores ligados a la solidaridad se impongan sobre el egoísmo más zaíno. En cierta medida, esperamos que todo esto no esté siendo en vano, siquiera nos sirva para aprender a valorar aquellas pequeñas cosas con las que contábamos como dadas, como seguras y a la mano. De la pérdida surge, pues, la confianza en una realidad mejor: el porvenir, lugar de esperanza.

Hacia él caminamos, estableciendo nudos y alianzas que desvelen con mayor claridad nuestra naturaleza relacional. También nosotros, desde aquí, queremos poner nuestro granito de arena, porque no hay esfuerzo que sea pequeño ni compañía que no nos acompañe.

Javier Ortega Director de Mosaico

Mosaico 65: La cuestión de la identidad en Terapia Familiar

De Zaragoza hemos regresado a nuestros habituales lugares de trabajo y residencia alanceados por la alegría y la nostalgia que dejan en poso los encuentros con amigos y colegas, y con las certidumbres que ponen de manifiesto que, un año más, la Federación y las asociaciones prosiguen en primera línea de batalla para conseguir que nuestra profesión tenga el eco social y público que el trabajo que realizamos merece.

Nunca son fáciles los cambios, aunque año tras año asistimos a una lenta pero inexorable apertura y resonancia de nuestra labor en numerosos ámbitos sociales y clínicos; también políticos. Somos ya muchos, pero en términos globales, aún somos pocos. Y somos pocos los que hemos hecho mucho. Hace cuarenta años no existía más que la necesidad, entre algunos profesionales especialmente sensibles a ello, de enfocar los problemas de otra manera, teniendo en cuenta las determinaciones de los contextos más amplios donde el individuo vive y se relaciona. Esta necesidad, lentamente organizada, hizo presente a la terapia sistémica o relacional en el horizonte de la salud mental en España, ampliándose luego con notorio éxito a otros ámbitos de intervención. De esta necesidad nació, por voluntad férrea e ilusión de unos cuantos, la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar, que, desde aquellas fechas, vela por el prestigio de los profesionales y escuelas que ella, a través de las distintas asociaciones, acredita. No es trabajo baladí, éste; ni digo estas palabras a humo de pajas.

Cada vez más se hace necesaria esta unión de sinergias en beneficio de nuestra profesión. No se trata de velar por los intereses de individualidades aisladas, sino por los de un colectivo que tiene encomendada una importante labor social. No puede ser que las autoridades nos reclamen el cumplimiento de esta tarea a la vez que nos privan aún del reconocimiento legal que la profesión se ha ganado a lo largo de todos estos años con empeño, ahínco y sin desfallecimientos. Pero los cambios son difíciles.

El Registro Nacional de Psicoterapeutas (www.registronacionaldepsicoterapeutas.es) es buena prueba de la necesidad de aunar fuerzas y tener presencia social. Numerosas administraciones ya reclaman que sus profesionales sean acreditados por las asociaciones que componen el mosaico de FEATF. Es una excelente noticia, una prometedora señal, aunque aún insuficiente.

En esta misma línea, no nos conviene en absoluto abrir debates inútiles sobre quién posee la titulación idónea para ejercer como terapeuta. Hay unos requisitos que cumplen los criterios europeos de rigor y calidad, y convendría no olvidar que es hacia esa dirección hacia la que llevamos años tendiendo y hacia la que, desde siempre, hemos estado apuntando. En este sentido, encerrarnos en pequeñas capillitas para proteger intangibles derechos adquiridos o sospechosos territorios de intervención es algo que obra en nuestra propia contra, y divide y debilita.

Hay sobre estos asuntos un debate abierto entre otras organizaciones profesionales de terapeutas, que nosotros tenemos claro y defendemos con argumentos suficientemente contrastados. De estas labores que se realizan entre bambalinas también FEATF se ocupa, en muchas ocasiones de forma discreta pero continuada. Hasta ahora, además, de forma exitosa, pero al parecer no se puede bajar la guardia. Algunos pretenden preservar sus territorios de caza, cerrar vías y accesos, encastillarse en suma. Pero enclaustrarse no es el camino. Hay que seguir trabajando para que nuestra profesión se regule por la vía legislativa y, mientras tanto, asegurarse de que los profesionales cumplen con los criterios de calidad y rigor que los acrediten como idóneos para el ejercicio competente de nuestra profesión.

Javier Ortega Director de Mosaico

Mosaico 42: EMDR y Terapia Familiar

Quisiera comenzar esta editorial haciendo una llamada, o un petición si quieren, a todos nuestros lectores, o a la red de los mismos, para animar,  invitar e intentar incentivarles a que escriban y nos manden sus experiencias, investigaciones y estudios que estén realizando sobre terapia familiar para publicar-los en Mosaico. Creo que es un enriquecimiento absoluto poder leer y compartir lo que los terapeutas de familia hacen. Aprendemos y valoramos que la terapia familiar está viva y en constante cambio, y con eso, todos ganamos, los profesionales y los pacientes.

En este número vais a poder apreciarlo por ejemplo con un monográfico coordinado por Mark Beyebach reflexionando sobre la integración técnicas de corte más lineal con el proceder sistémico; o con un artículo sobre los tradicionales genogramas pero aplicados a un contexto muy novedoso: el estudio del consejo genético, tema puntero en nuestra actualidad por las cuestiones de bioética que lleva también asociado; desde Francia nos llega un trabajo sobre constelaciones familiares, que además está realizado por una enfermera que trabaja en el campo de la salud mental, por tanto es una experiencia alternativa.

En un llamado de solicitud de trabajos para publicar desde las corresponsalías, para que estuvieran más presentes en Mosaico, desde las islas afortunadas, Julia Hernández Reyna ha hecho un espectacular trabajo de recopilación histórica de los inicios de la Terapia Familiar y cómo ha ido creciendo por la insularidad. ¡Gracias Julia por el esfuerzo!, esperemos que los demás corresponsales puedan hacer algo así, sería muy hermoso que los que no hemos estado en los inicios pudiéramos aprender cómo hemos llegado a ser, por lo que otros plantaron.

Tenemos dos entrevistas muy interesantes desde profesionales de habla hispana que trabajan en EEUU, una argentina y un puertorriqueño, una en el M.R.I. y el otro en el Centro Roberto Clemente, ambos trabajando principalmente con familias emigrantes. Me parecen experiencias de las que deberíamos observar con mucho detenimiento dado que nosotros ahora estamos en situación de aprender de ese fenómeno en los que ellos nos llevan décadas de adelanto.

Y vamos a celebrar lo que iniciamos en el número anterior, que por suerte continúa, seguimos intercambiando experiencias y entusiasmo con nuestros queridos vecinos portugueses de la SPTF, Mosaico va a seguir distribuyéndose en Portugal y cada vez vamos a intentar que la parte portuguesa tenga el mismo formato que la española para que podamos compartir también su agenda de actividades y las noticias.

Olga B. Díez Puig, DIRECTORA DE MOSAICO

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Trauma y Terapia Famiilar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos.