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Mosaico 89: Terapia familiar y prevención en salud mental

Desde tiempos de la pandemia hemos presenciado un incremento de los problemas de salud mental a nivel mundial y especialmente en la población infanto-juvenil (UNICEF, 2021 y OMS, 2022). Mayor prevalencia de malestar emocional, trastornos de ansiedad y depresión, con mayor incidencia de autolesiones e ideaciones y tentativas suicidas. Una de las causas podría ser haber sido desdeñar la prevención frente al tratamiento. La investigación en salud mental se ha centrado frecuentemente en la psicopatología y en su tratamiento como método para reducir los trastornos mentales, en lugar de disminuir su incidencia mediante la prevención. Es decir, hemos dedicado la mayor parte de nuestros recursos a conseguir dar el alta a los pacientes en lugar de reducir los ingresos de unos nuevos.

La familia es uno de los espacios donde se tiene que fundamentar un programa de prevención que se precie y, por ejemplo, las estrategias parentales protectoras deberían ser objetivo de intervenciones de promoción de la salud. Y así pensó el comité organizador del 43 CNTF que, brillantemente estuvo dedicado a la Terapia Familiar y a la prevención en salud mental y que, en palabras de su presidente José Soriano: “nuestra disciplina puede y debe jugar un papel importante en esta prevención y, yendo un poco más lejos, en la promoción de la salud mental en nuestra población”.

Durante los tres días de octubre que estuvimos en Barcelona, las reflexiones, conversaciones y reuniones giraron en torno a dicha prevención y al papel que los terapeutas familiares podemos y debemos tener al respecto. Javier Ortega dirige el monográfico dedicado al 43 CNTF y la selección de articulistas nos traslada de nuevo a ese espacio que nos enriqueció por sus ponentes y conferencias, al igual que al encuentro con antiguos y nuevos compañeros de viaje. Para el que no pudo estar presencialmente, esta revista le puede servir para tener un extracto del diálogo establecido y poder comprobar el éxito que fue este congreso, con más de 400 congresistas. Desde aquí, dar las gracias a la organización por su recibimiento y acompañamiento durante todo momento y a su esfuerzo para garantizar la calidad de todos los espacios.

Un Congreso que también fue la sede de la Asamblea anual de la FEATF que anunció que por mayoría en 13 de las 15 asociaciones y también por mayoría de las Escuelas: “Podrán acreditarse como psicoterapeuta familiar tod@s l@s profesionales con titulación psico-socio-sanitaria que hayan completado una formación acreditada en FEATF”. Una gran noticia para toda la familia sistémica que busca una regulación de la psicoterapia no excluyente y de calidad.

Dejo para el final unas líneas dedicadas a Emma Tomás. Después de varios años de dedicación y profesionalidad en el equipo de redacción de Mosaico, nos deja para dedicarse a otras labores profesionales. Quedó constancia en el acta de la Asamblea de octubre, pero también queremos que en la editorial del último número en el que participa, quede patente el agradecimiento de la FEATF y de Mosaico por su trabajo, su mirada crítica y su sensibilidad para que cada número de Mosaico tuviera la calidad que merece. Mosaico es y siempre será tu casa.

Y dar la bienvenida a Yaiza Delgado, nuevo miembro del equipo de redacción de Mosaico, perteneciente a la Asociación Canaria, que ya ha comenzado a participar en este nuevo número. Mucha suerte en tu nueva andadura.

Sergio Siurana

Director de Mosaico

Mosaico 85: Monográfico: Aportaciones del modelo relacional sistémico a la comprensión y el tratamiento de los Trastornos Límite de Personalidad

MOSAICO llega, con éste que tienes virtualmente entre las manos, a su número 85, un número que pone de manifiesto su prolongada trayectoria y su buena salud, en un mundo donde las publicaciones especializadas no siempre gozan de una vida tan larga y productiva. No es casual, claro, sino fruto del empeño conjunto de numerosas personas que, trabajando desde la intendencia, ayudan a que ello sea posible. Autores y autoras que nos presentan sus trabajos, jueces ciegos que los valoran y señalan su pertinencia –o no- para la publicación, oordinadores de los monográficos, que tejen una tupida red de colaboraciones y levantan con su ánimo esa joya de la revista que tan útil resulta a nuestros terapeutas, correctores de estilo, maquetadores gráficos y, en fin, por detrás también el apoyo y la confianza de la Junta Permanente de la FEATF, avivando con su empuje y publicitando con su talento relacional la respiración de la revista.

Este año, en breve, estaremos asistiendo en Valencia a un nuevo Congreso Nacional de Terapia familiar de nuestra Federación, con un tema central lleno de posibilidades: “Familias y organizaciones en canal: Una vuelta a la sistémica”, título bajo cuyo paraguas vamos a volver a encontrarnos amigos viejos y conocidos nuevos que tenemos en común esa rica mirada sistémica de la complejidad, cuya potencia usamos en aquellos contextos donde cada cual trabajamos.

Tras cuatro años se despide la Presidenta Ana Caparrós y su equipo. Ha sido un período singular, en que nos vimos forzados a afrontar lo inesperado de una pandemia que nadie podía haber imaginado hasta que sucedió. La pandemia trajo numerosos cambios y desveló las posibilidades inexploradas hasta entonces de la virtualidad de las redes. La Federación no se arredró y sus miembros pusieron en juego su inventiva y recursos para que la nave siguiera navegando.

Aprendimos, en carne propia, que las crisis suponen un riesgo para cualquier organización, pero también una rica oportunidad. Ahora que la Junta y su Presidenta se despiden, la perspectiva del tiempo nos permite reconocer que su esfuerzo no fue baldío.

Llegará en breve una nueva Junta y la nave seguirá surcando el mar. A estos nuevos marineros les deseamos lo mejor, de corazón y no porque esté en absoluto obligado a decirlo. Uno sabe que puede callar, y que hasta el silencio es comunicación; pero en este caso, se me antoja necesario desear lo mejor, porque así lo siento de veras.

También Mosaico debe renovarse. Es ley no escrita, pero de vital importancia, que lo nuevo llegue y, sin arrumbar la experiencia de lo viejo, aproveche el impulso que le da su fuerza inaugural para llevar la revista a nuevas cotas. He sido director de la revista en dos etapas, de 2004 a 2008 y de 2012 hasta 2023, gozando de la confianza de varias juntas durante la friolera de 15 años. Han sido años muy fructíferos y plenos, de gran intensidad. Mosaico me ha dado más de lo que me ha quitado: me ha dado muy buenos amigos y amigas y me ha permitido conocer y relacionarme con personas a las que admiro y respeto, que son buenos terapeutas porque, principalmente, son buenas personas. Como creo que uno se mide por los amigos y amigas que conserva, espero haber estado a la altura.

Quiero aprovechar estas últimas líneas para agradecer la confianza de tantos y tantas que me ayudaron en esta labor. Nombrar la lista de mis agradecimientos la haría demasiado larga. Me consuela saber que lo saben. Eso basta.

Javier Ortega Allué.

Director de Mosaico.

Mosaico 69: Congreso de Cartagena

Que los años pasan nos lo dicen los logros, pero también nos lo susurran las pérdidas. Con éstas añadimos a la vida el peso de las ausencias y la presencia tan real de los huecos que nos dejan. Este final de año ha sido pródigo en pérdidas. Desde las cercanas y, por tanto, más sentidas, como la de nuestro compañero y amigo Antonio León, corresponsal de esta revista en la Asociación Andaluza; hasta las lejanas pero no menos importantes, como la del maestro Minuchin y la pionera y activa promotora de la terapia familiar Lynn Hoffman. Vidas idas cuya principal característica fue la de haber vivido intensamente una pasión. En su caso, la pasión por el trabajo terapéutico con las familias, esperanzado y profundo. Como sucede siempre que esta profesión surge del sentir más hondo de la persona y es, por tanto, más que una profesión.

Hay muchas formas de ser felices. Tantas, al menos, como seres humanos coexisten en un momento concreto de la historia. Pero todas esas disposiciones felicitantes y activas, dinámicas y productivas de estar en el mundo se parecen al menos en un aspecto, a saber, la intensidad apasionada con que cada cual las aborda en su existencia. Vivir, como dijo en cierta ocasión el propio Minuchin, consiste en crecer, mezclarse, cooperar, compartir y competir con los demás. Vivir es una tarea, un quehacer. No simplemente un deslizarse sin pausa ni sosiego hacia el final. Y lo que hagamos hasta el fin, eso es lo que hará nuestra felicidad. El problema fundamental de la existencia.

Pero los terapeutas familiares tenemos otro conocimiento, que surge de nuestro diario bregar con el sufrimiento familiar en la consulta o en el hospital. Un conocimiento que, cuando se revela, ya no puede ser ocultado, y mucho menos olvidado. Los individuos somos más que ese sujeto individual en que consistimos. Todos nosotros, toda la gente a la que queremos o con la que nos relacionamos, formamos un invisible tejido vincular de afectos y reconocimientos, de heridas y de daños, que traspasa nuestra tenue frontera individual y se remonta hacia arriba, hacia otras generaciones, de las que somos continuación, testimonio y deudores. Nada hay en nosotros que esté por completo cerrado, ninguna trama, ninguna historia tiene su fin en sí misma. La vida prosigue y nuestra existencia se vuelve menos lineal, al enriquecerse con los silenciosos legados de los muertos. Gana hondura y complejidad.

Hay ya algo en nosotros de Antonio –el humor- , de Lynn –la pasión-, de Salvador –la inteligencia relacional-. Nos quedamos con su luz, que no percibiríamos si no conociéramos sus sombras. Y, sobre todas las cosas, la intensidad con que ejercieron su oficio, el de terapeuta, un oficio tan singular como lo es siempre, de suyo, cualquier profesión vocacional. Algo más que un mero acopio de técnicas: una forma especial de estar con los otros, empatizar con su dolor y sostenerlos en el sufrimiento, desde la propia experiencia existencial de quien se sintió llamado –pues no otra cosa distinta es la vocación- a hacer terapia.

Javier Ortega Allué Director de Mosaico

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Trauma y Terapia Famiilar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos.