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Mosaico 78 (DIGITAL): Psicooncología y Terapia Familiar

Que nos acostumbramos a la desgracia mucho más que a la dicha, es algo que admite pocas dudas. Lo bueno es tan escaso como breve, pero esas pequeñas islas de felicidad ayudan a sobrellevar mejor los malos momentos y las ocasiones desperdiciadas. El ser humano avanza lentamente en su camino de supervivencia, y tanta atención a los peligros y tanta capacidad adaptativa no debe ser tomada en vano, sino como signo preclaro de cierta inteligencia evolutiva por parte de nuestra especie. Miramos el mundo desde la esperanza, pero ello no quita un ápice al peso que tienen en nuestras vidas la desgracia y la desesperanza. Por decirlo de un modo metafórico, nosotros, los terapeutas, nos hemos entrenado en mirar con el ojo derecho lo bueno de lo malo y todos aquellos elementos apreciativos que solemos poner en valor cuando trabajamos acompañando a las familias en su viaje por el sufrimiento. Pero no nos hemos quedado tuertos del ojo izquierdo, que es el que usa con más frecuencia la especie para estar sobre aviso y atender a los peligros. Así pues, los terapeutas aspiramos a disponer de una mirada bifocal sobre los acontecimientos y las vidas que, sin dejar de lado los aspectos más oscuros, nos permite vislumbrar la profundidad de la existencia y colocarnos en una disposición específica para mantener esa esperanza.

Hablar de esperanza en este Mosaico no es una contradicción. No lo es cuando tratamos de algo tan terrible y ubicuo como el cáncer, pero haciendo hincapié en los recursos y capacidades que las familias ponen en juego ante situaciones de tanta adversidad. Que aún estemos en el aparente final del túnel de la pandemia no nos debe hacer olvidar que muchas familias padecen, además, el impacto demoledor de las enfermedades avanzadas y de las etapas finales en la vida de los seres queridos.

Dichas situaciones reflejan la complejidad con que las personas abordamos, tras la pérdida o la enfermedad avanzada, la ayuda, la reconstrucción y la continuidad de nuestras vidas tras tales eventos. Tarde o temprano todos pasamos por circunstancias parecidas, que reflejan el carácter relacional del ser humano: nuestra dependencia de los demás y la constatación de nuestra propia fragilidad, sostenida por aquellos que conforman la red que nos protege, envuelve y sostiene. Nadie, al final, muere para sí solo; ni los sobrevivientes lo hacen sin el apoyo de algún vínculo significativo que les ayude a retomar las expectativas y objetivos de sus vidas a corto y medio plazo. Si algo podemos extraer de este abigarrado número de nuestro Mosaico es la conclusión de la gran creatividad con que los profesionales, hombres y mujeres de gran sensibilidad relacional, abordan estas situaciones tan complicadas y dolorosas, la muerte anunciada de uno de nuestros hijos, la rápida desaparición inesperada de cualquiera de nuestros padres y la supervivencia tras estos naufragios. Creatividad, cercanía, calor, ternura que reflejan entre líneas los artículos de este monográfico como pocas veces hemos leído.

Porque es casi un deber ético seguir hablando de lo que no se habla y poniendo voz a quienes la muerte quiso dejar en silencio.

Javier Ortega

Mosaico 54: II Congreso Ibérico de Terapia Familiar

Desde Portugal nos llega a este Mosaico renovado una ilustrativa muestra del trabajo compartido por los profesionales sistémicos de la Península. El II Congreso Ibérico de Terapia Familiar se celebró en Lisboa con un más que notable éxito de participación, tanto en lo que respecta al número de ponentes, como en lo que hace al de participantes, en su mayoría jóvenes terapeutas en formación, lo que revela la pujanza que en el país vecino está teniendo, a pesar de la crisis, el trabajo de los sistémicos en diferentes contextos.

Tan importante como todo ello es que, precisamente en estos tiempos atribulados, se haya podido celebrar ya un Segundo Congreso Ibérico y se vayan consolidando así espacios de cooperación y de intercambio para el futuro. Países vecinos, sumidos en una situación parecida, con una profunda necesidad de renovar sus estructuras sociales y políticas, y asistiendo impotentes a un desasosegante desmantelamiento de un apenas entrevisto estado del bienestar, han de unir esfuerzos para encontrar soluciones afines a sus compartidas dificultades, pues a todos nos consta

que la salvación no llegará del Norte, como caída del cielo, ni tendremos más oportunidades que aquellas que, con creatividad e incertidumbre, vayamos generando nosotros mismos. El viejo cuentecillo del Barón de Münchhausen, que se salvó a sí mismo junto a su jumento, de perecer en las arenas movedizas, es a un tiempo tan quijotesco como realista en las actuales condiciones que soportamos. Bastarnos a nosotros mismos y hacer uso generoso de nuestras propias capacidades, en lugar de esperar los parabienes del calvinismo rampante, es un aprendizaje que nos traemos

de Lisboa, y que deseamos compartir con todos los lectores. Ocasión de seguir probándonos la vamos a tener en un futuro cercano, a no tardar.

Dicen los clásicos que las prisas son mala compañía, y hasta el muy racional y razonable

Descartes nos advertía contra los errores de la precipitación en su Discurso del Método. Hemos tenido motivo para comprobarlo en el número anterior de esta revista, que tuvimos que pergeñar acuciados por las apreturas del tiempo y de los cambios. Quiero pedir disculpas a los autores por algunos errores que no supimos evitar; y a los lectores atentos por las erratas que seguramente detectaron. Aunque son muchos los hilos que se han de mover para que la revista salga a la calle con su cara bien lavada, ello no es óbice para disculpar los fallos que en la humana condición

se pueden evitar y que vamos a tratar que no se repitan en el futuro. Espero que este ejemplar que tienen en sus manos sea el primer paso de esta necesaria y justa reparación.

   Francisco Javier Ortega Allué Director de Mosaico

Mosaico 44: I Congreso Ibérico De Terapia Familiar

Queridos lectores. En este número de Mosaico tenemos la guinda del pastel, el segundo escalón de la colaboración Ibérica, tenemos el monográfico español y el portugués dedicado al I Congreso Ibérico de Terapia Familiar y las XXX  Jornadas Españolas de Terapia Familiar.

Empezamos hace tres números de Mosaico con la colaboración in factum de la FEATF y la SPTF, y el Congreso Ibérico era el colofón, que hemos cumplido con todos los éxitos posibles. Los esfuerzos han sido titánicos, tanto en la gestación, en los inicios, y en los primeros pasos, pero entre todos lo hemos conseguido, y es un orgullo. Quiero dar las gracias especialmente en esta ocasión a Ana Paula Relvas y a Ricardo Ramos, por los monográficos, ha sido el primero

que realizábamos a coro, y al tener que crear de la nada hay que poner más que cuando hay camino trazado. Muchas gracias a los dos.

En los monográficos hemos recogido casi todo lo aportado en el Congreso, lo que no está es porque no ha llegado a tiempo, pero esperemos poder ofrecerlo en sucesivas ediciones.

Vais a poder disfrutar de la calidad de las aportaciones tanto españolas, portuguesas, como de los ponentes invitados, y sobre todo para los que no pudisteis compartirlo con nosotros.

Quiero dar la bienvenida a la Asociación murciana que ya forma parte desde la última asamblea de la FEATF, y a sus asociados, nuevos lectores y esperamos nuevas aportaciones para el fondo material de Mosaico. Al resto de asociados os continúo animando a que nos hagáis llegar vuestras aportaciones en forma de artículos, casos para compartir, recensiones, citas, sugerencias varias…nos gustaría poder  intercambiar más con los lectores.

Olga B. Díez Puig DIRECTORA DE MOSAICO

Mosaico 37: XXVII Congreso Nacional de Terapia Familiar

Uno

Debió ser enorme la tentación para que algunos cayeran en ella sin dudarlo. Eran los días en que había que adueñarse de un territorio, el nuestro, el de las relaciones, los sistemas abiertos, la información, la homeostasis, el cambio. Fue esa misma época en que los terapeutas tenían que conocer a todos los miembros de las familias que atendían, fuera cual fuese el grado de parentesco o de proximidad física y geográfica. Era lo que tenían los pioneros, que no se arredraban ante ningún obstáculo o casi.

En ese esfuerzo por singularizarse, por construir una especial especificidad, la terapia sistémica anduvo en un tris de olvidar que una tal cosa como las relaciones abstractas no han existido ni existirán jamás. Lo que hay, lo que siempre ha habido, son individuos en relación. Por huir de una visión ciertamente parcial del ser humano, se vino a tropezar con otra a la par ingenua y también incompleta. Tras haber echado al diablo por la puerta, éste se empeñaba en colarse de estraperlo por la ventana.

El individuo y, con él, una necesaria teoría sistémica de la personalidad, ha recalado por fin entre nosotros, los sistémicos. Quizás siempre estuvo ahí, pero a menudo lo hizo de una forma vergonzante y tímida. No se trata ahora de retroceder a épocas pretéritas ni de vestirnos con ropajes ajenos. Integrar no significa renunciar a nuestra mirada más específica ni proponer un eclecticismo tan estéril como confuso, sino conectar aquello que puede ser conectado y traducir aquello que puede traducirse. Se precisa, pues, pensar al individuo desde la relación y, como sistémicos, desarrollar una teoría que centre en ello su original aportación propia.

Necesitamos esa visión (theorein, mirar, observar) que nos dote de elementos que nos permitan sentirnos cómodos cuando trabajemos con el amplio abanico de los trastornos de la personalidad. A nosotros nos toca hacer en esfuerzo por destacar las bases relacionales que estos trastornos ponen en juego. La partida apenas ha comenzado.

Y dos

La idea empezó a gestarse durante las jornadas que se celebraron en Valencia. Volvimos a hablar de ello en diversos momentos y, como colofón, lo anunciamos oficialmente en el Congreso de Canarias. Ahora, por fin, cumplimos lo prometido. Con este número de MOSAICO la FEATF quiere celebrar con todos los socios el décimo aniversario de nuestra revista y, para ello, hemos creído que nada más útil que el recopilatorio que ponemos a disposición de cuantos lectores nos han seguido a lo largo de estos años. Hay en él el trabajo de muchos amigos y colegas y una buena parte de nuestra historia, de nuestros deseos y de nuestros proyectos. Nos estamos dando, pues, un merecido homenaje.

Por muchos años.

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