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Mosaico 74 (DIGITAL): “Esto es pa los niños” Terapia Familiar Sistémica en la infancia y la adolescencia

Se avecinan, quizás como siempre, tiempos de cambio. Convulsos, quizás, o críticos; pero también repletos de ricas oportunidades que los psicoterapeutas no podemos dejar escapar. Nos conviene estar atentos, porque ya por toda Europa va tomando forma el desarrollo legal que nuestra actividad tendrá en los próximos años. También hay atisbos de que esto vaya a suceder en España. Desde hace años, nuestra federación, la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar (FEATF), junto con la Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas (FEAP) y la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) colaboran estrechamente para el reconocimiento de la profesión de psicoterapeutas, y para que sus asociados reciban una formación adecuada que permita el desarrollo competente de esta profesión donde con tanta frecuencia somos testigos de un intrusismo feroz, que va en deterioro de la necesaria calidad del rigor de las intervenciones, del ejercicio de la psicoterapia y de la imagen social que nuestro trabajo tiene en la sociedad. Otros actores pugnan por intervenir en la definición de nuestra actividad; algunos, todo hay que decirlo, para cerrar el paso de quienes durante todo este tiempo han sido la punta de lanza de una psicoterapia de calidad, al nivel de los más altos estándares europeos, apareciendo ahora como defensores repentinos de nuestra profesionalidad, tan arduamente ganada. Algo está en juego. Debemos estar atentos y pendientes de estos movimientos, para no tener que lamentar después no haber hecho lo suficiente. Invito desde aquí a nuestros numerosos socios a darse de alta, si no lo han hecho ya, en el Registro Nacional de Psicoterapeutas. Huelga decir que aún no estamos todos los que deberíamos estar. Y que la unión hace la fuerza es ya cosa sabida. Vienen años o acaso meses que se adivinan movidos.

Entre estos procesos de cambio y crecimiento, hemos asistido a la renovación de la Junta de nuestra Federación, en las XXXIX Jornadas Nacionales de Santiago de Compostela. Y esto es, sin duda, motivo de alegría y agradecimiento. Agradecimiento a la anterior Junta, que ha estado al pie de cañón durante los cuatro años de su mandato y ha realizado un trabajo ímprobo de adaptación a los nuevos tiempos. No lo digo sólo por la puesta en marcha del formato digital de nuestra revista, que es posiblemente la punta del iceberg y la parte más visible de este proceso, sino por otras muchas acciones más subterráneas que han ido preparándonos para lo que vendrá en un futuro ya cercano. Trabajo de Secretaría, trabajo de Tesorería, trabajo desde la Presidencia y desde las numerosas comisiones. Un trabajo callado, pero eficaz, que hay que agradecer –y se agradece- en cada ocasión que se pueda. Hacerlo desde esta tribuna es un privilegio. Así que: gracias, Juan Antonio Abeijón, Jorge Gil, Fina Navarro y a todos los presidentes de las comisiones y de las asociaciones que han hecho posible que el barco navegase en este tiempo. Yo me quedo, también, con la amistad entrañable, el vínculo personal y el aprecio que siento por estos, mis amigos.

Motivo de alegría es, además, que haya personas que se comprometan en que nuestra organización continúe su marcha y presenten proyectos nuevos para afrontar los tiempos que se avecinan. Ana Caparrós como Presidenta, Jose Soriano como Tesorero y Francisco Serrano como Secretario conforman la cabeza visible de esta Junta. No sé quién lo dijo, pero me parece oportuno repetirlo aquí: que la Fuerza os acompañe.

Para terminar, quisiera señalar que los cambios han llegado ya a la propia revista que tienen ustedes ante los ojos. Mosaico también se adapta a los nuevos retos y, en función de ellos, se reestructura y toma nuevas direcciones. Por de pronto, hay ahora un comité de redacción que nunca antes existió, y que va a tratar de que la revista alcance aún más altos estándares de calidad que nos igualen a otras publicaciones extranjeras que están en la mente de muchos. Aunque hace varios años que estamos indexados, pretendemos mejorar nuestra posición en los índices de impacto y citación. Un reto que hay que afrontar cuanto antes y que supondrá un plus para la publicación de artículos de calado.

Esto ha supuesto la desaparición de una comisión entrañable, la de corresponsales, con cuyo trabajo se tuvieron en pie algunas secciones de la revista y se apañaron muy bien otras. No puedo citar a todos los que ocuparon este puesto durante los años que he sido coordinador y responsable de la revista, pero espero que al menos sepan que les agradezco el tiempo empleado y la facilidad que siempre me dieron para que la revista funcionara de forma fluida y efectiva. Pero, sobre todo, les quiero agradecer la calidez de nuestra relación y el apoyo y complicidad con que se fue haciendo, también, las páginas que quedan ya atrás. Ese es un legado que se queda conmigo. Muchas gracias, pues.

No quiero terminar sin un recuerdo al que fuera un pionero de la terapia familiar en nuestro país y también el primer presidente de la FEATF, José Antonio Ríos, quien nos dejó cuando el año casi doblaba su última vuelta. Se fue un claro referente e inspirador, de quien nos quedará siempre la indeleble impronta que su vocación dejó en el desarrollo de la terapia familiar en España. Vaya desde aquí el abrazo entrañable a su familia y la memoria de esta persona insustituible.

Javier Ortega Allué Director de Mosaico

Mosaico 70: Intervenciones familiares y sistémicas en contextos sanitarios

Toda nuestra felicidad y toda nuestra miseria residen en un único punto: ¿a qué tipo de objeto estamos vinculados por el amor?

Baruch de Spinoza.

Cuando este número de Mosaico llegue a manos de nuestros lectores, estaremos a las puertas de celebrar el IV Congreso Ibérico de Terapia Familiar, evento científico y social que convocará a algunas de las voces más representativas de nuestro contexto cultural, para tratar algo que a todos nos concierne, siquiera que en alguna medida aproximada: Amor en tiempos de crisis. Desafíos a la pareja, a la familia y a la sociedad. ¿Cabría, pues, un título que prometiera más y permitiera observarnos desde un más idóneo punto de vista relacional? Pues el amor es, junto a la comunicación, la situación relacional por excelencia, el punto de fuga donde confluye nuestro entero ser humano, otorgándonos perspectiva y profundidad. Al final, decía san Agustín, se nos vendrá a examinar en el amor. Podríamos decir: se nos examinará en el modo como hemos aportado bienestar, felicidad, dicha o plenitud al mundo, a quienes nos rodean y envuelven, a los más próximos y cercanos. Cómo los hemos sostenido y acompañado mientras estuvimos a su lado. Echemos cuentas.

Amor y tiempo de crisis. Como si fuera posible existir sin el uno -el amor-, o extrañados y fuera del otro: ese tiempo de crisis que siempre se vislumbra acechándonos en la línea baja de nuestro horizonte vital. Como si pudiéramos vivir sin gozar de cierta plenitud o sin padecer alguna pérdida inexorable. Es el nuestro un tiempo de crisis, incierto y singular. Nada nuevo bajo el sol, pues así fueron todos los tiempos que vivió la humanidad, con breves excepciones. Un tiempo que, como otros anteriores, anhela certezas o seguridades, pero que sobre todo anhela a alguien que esté dispuesto a dárnoslas sin que hayamos de esforzarnos demasiado en buscarlas. Recetas, aunque sean de vuelo corto y nazcan aliquebradas. Certezas y dogmas para sobrevivir en un mundo imprevisible, ¡qué gran dislate! En esta época nuestra donde priva lo natural y genuino, andamos paradójicamente expectantes ante la posibilidad de que se descubra al fin esa pastilla o de ese algoritmo que nos hará felices por siempre con solo tomar la medicación o aplicar la fórmula matemática. De ahí la pertinencia del subtítulo de Congreso de Coimbra, una palabra que resume cientos: desafíos.

Pues, in nuce, la vida misma es un desafío, y vivir consiste en tener que ir afrontando sin seguridades últimas los retos que las circunstancias nos ponen al paso. Sabemos que no hay placer sin duelo ni fracaso, ni enamoramiento que no vaya acompañado de decepción cuando no es correspondido; sabemos, pues trabajamos con el sufrimiento, que no hay una dicha plena, ascendente y sin baches. Pensar lo contrario sería como si estuviéramos empeñados en obtener de golpe la cuadratura del círculo y creyésemos, además, que sería posible lograrla.

Conviene que nos recuerden, pues, que no hay vida sin su parte alícuota de desafío, de empeño o de reto, y que tales quebrantos tienen en la pareja, la familia o la misma sociedad el campo de batalla donde mediremos nuestras capacidades y competencias relacionales, nuestras estrategias y habilidades interpersonales. En suma, nuestra inteligencia relacional. Del Congreso de Coimbra tendremos noticias en breve porvenir. De la vida las tenemos constantes y actualizadas.

La vida es incertidumbre, dichosa y feliz incertidumbre. Y como dice el refrán, hasta el rabo todo es toro. Que nos embistan, pues, el amor y las crisis. Mejor una vida atenta y en peligro que una amodorrada y narcótica. ¡Que nadie, pues, se duerma!

Javier Ortega Allué. Director de Mosaico.

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