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Mosaico 64: III Congreso Ibérico de Terapia Familiar de Cáceres (2)

Llega a tiempo y bien encurtido este número de Mosaico, poco antes del inicio del periodo estival, ese tiempo en que la vida queda como en suspenso y se cambian unos hábitos por otros, pues los seres humanos estamos trenzados con la materia intangible de la repetición y del cambio, de los hábitos y de las novedades, de lo conocido y de lo aún ignoto. Hemos hablado ya mucho los terapeutas de las etapas del ciclo vital, que nos han servido para construir hipótesis provisionales sobre lo que nos pasa en ciertos momentos de la vida, en ciertas culturas y épocas, sobre lo que se espera y lo que resulta inesperado. De donde se deduce que no sabemos viajar ni acaso podemos salir a la intemperie de los acontecimientos sin llevar con nosotros un pequeño –o gran– mapa del mundo, con el que hilvanamos lo que a nuestro alrededor sucede, entre nosotros y con los demás.

Sin embargo, se ha hecho menos hincapié no ya en las etapas del ciclo vital, sino en el sucederse de las estaciones que, con su rítmica y aposentada repetición, sin duda también afectan a los seres humanos. Estaciones que encierran rituales y manifestaciones idiosincrásicas de pueblos y de familias enteras, que celebran con sus fiestas y costumbres algunos hitos importantes de sus compartidas existencias, tejiendo mitologías y construyendo miradas que explican, cuentan o anticipan lo que las personas han sido o aquello que aspiran a ser. Hay tiempos que son para el reencuentro y tiempos que lo son para saciar el hambre y curiosidad viajera, pues somos una especie itinerante. Regresamos a los lugares que nos hicieron felices para recomponer con sus pedacitos de existencia el rompecabezas de nuestra dicha; o nos lanzamos a explorar rincones ajenos y tierras extrañas para descubrir que en el fondo los que habitamos este planeta tenemos la misma piel y nos rondan amores y desamores muy semejantes.

Como terapeutas familiares, comprobamos el impacto que provoca en muchas personas la obligada convivencia que trae consigo el tiempo de vacación. Lo que durante el año ha sido un continuo esquivarse con el trabajo y el estrés acumulado –la función evitativa del síntoma, en muchos casos- es ya en esos instantes de ocio inapelable llamada a una reformulación de nuestro particular modus vivendi, y a tener que encarar de forma inevitable la crisis que hemos ido distrayendo con tanto trajín y ruido. Tras el verano son numerosas las parejas que consultan por la frustración que les generó la obligada convivencia vacacional. Parejas en crisis, que, si son inteligentes, acuden a terapia para darse una nueva oportunidad o separarse de la forma más civilizada posible, en suma, para hacerse cargo de sus propias vidas y sus consecuencias; y, si no los son, con la esperanza de que sirvamos de reguladores homeostáticos de su malestar, o, aún peor, de jueces de sus propias culpas y responsabilidades, de testigos de sus expectativas frustradas y del desamor causado por los roces de la existencia. Decía Whitaker que la función de la terapia es convertir a los usuarios en sus propios terapeutas, como lo somos cuando nos enfrentamos a las pequeñas crisis cotidianas con nuestros propios recursos y capacidades.

En las terapias, como en la vida y sus crisis sucesivas, el tiempo no es un intangible, como ya dejara señalado Ausloos, sino parte de nuestro propio bagaje como profesionales. El tiempo deviene historia y biografía, existencia personal y compartida. Tiempo que ha sido y es ahora pasado; tiempo que es instante huidizo, presente pasajero y que será futuro y albergará la esperanza y el proyecto.

Esto que nos sucede a los seres humanos les ocurre también a las instituciones. También ellas tienen su propio tiempo marcado, al trasluz de lo que los humanos hacemos en su seno. Hace tiempo que algunos la soñaron y la fueron poniendo en pie, y ahora la Federación cumple 25 años de existencia, un cuarto de siglo, con una historia a sus espaldas que pone de manifiesto el continuado esfuerzo de muchos para hacer de ella un instrumento eficaz y permitir que la terapia familiar tenga la visibilidad profesional y política que nuestro trabajo precisa. Igual que los terapeutas acompañamos a las personas en su periplo por los territorios de las crisis, cuando ellas quieren, así la federación nos hace sentirnos menos solos, al cobijo de su amplio paraguas y de los proyectos profesionales que nos abre con su gestión. Hace veinticinco años que un puñado de soñadores puso esto en marcha y ahora, veinticinco años después, somos sus agradecidos herederos.

Desde estas páginas queremos felicitar, pues, a todos los que contribuyeron en el pasado a que esto fuera posible, y unir en este agradecimiento a cuantos en el presente siguen trenzando colaboraciones y suscitando voluntades aquí y en la otra orilla del Atlántico para que los próximos veinticinco sean aún, si cabe, más promisorios y fructíferos. Pero agradecer sólo es el principio, porque lo importante es pasar a la acción. De ella hablaremos próximamente.

Javier Ortega Allué Director de Mosaico

Mosaico 50: XXXI Jornadas Españolas de Terapia Familiar.

Queridos lectores, en vuestras manos tenéis la sorpresa prometida.

Este año Mosaico va a tener cuatro ejemplares en vez de tres.

En la última reunión de junta directiva se acordó editar un número extraordinario de Mosaico dado que confluían varias cuestiones, pero el motivo principal era dedicarlo al material de las XXXI Jornadas de FEATF.

El comité organizativo de las pasadas jornadas de FEATF, celebradas en Cuenca, grabaron las mismas y el material estaba inédito.

Teníamos el trabajo realizado por los autores de la casi totalidad de los talleres presentados en las jornadas, que habían realizado el esfuerzo de reconvertir los talleres en material para ser publicado en Mosaico.

Además de todo este material profesional, coincide en el tiempo que en el próximo Congreso de FEATF, que se va a celebrar en Bilbao, en el que esperamos veros a todos, se celebrará nuestra Asamblea anual de socios en el que se va a realizar un cambio en la Junta directiva, por tanto aprovechamos este Mosaico para dejar un espacio a la Junta Permanente saliente de despedida a los socios y lectores de Mosaico.

De mi parte no tengo más que darles palabras de agradecimiento a los miembros de la Junta Permanente, ellos fueron los que me pidieron que me hiciera cargo de este emprendimiento, y que dirigiera Mosaico.

Con este, son 10 los números que hemos sacado adelante, con el equipo y con ellos. Ha sido un placer, un trabajo de coordinación y respeto absoluto, gracias a ello se han podido superar todos y cada uno de los obstáculos. Hemos sacado proyectos adelante como el cambio de formato, la coordinación con la Sociedade Portuguesa de Terapia Familiar, la modificación de la web, y otros muchos que están en proceso de gestación y todo ello gracias al trabajo en equipo con la junta directiva al completo, pero especialmente con  la presidencia, la tesorería y la secretaría.

Gracias.

Olga B. Díez Puig, DIRECTORA DE MOSAICO      

Mosaico 42: EMDR y Terapia Familiar

Quisiera comenzar esta editorial haciendo una llamada, o un petición si quieren, a todos nuestros lectores, o a la red de los mismos, para animar,  invitar e intentar incentivarles a que escriban y nos manden sus experiencias, investigaciones y estudios que estén realizando sobre terapia familiar para publicar-los en Mosaico. Creo que es un enriquecimiento absoluto poder leer y compartir lo que los terapeutas de familia hacen. Aprendemos y valoramos que la terapia familiar está viva y en constante cambio, y con eso, todos ganamos, los profesionales y los pacientes.

En este número vais a poder apreciarlo por ejemplo con un monográfico coordinado por Mark Beyebach reflexionando sobre la integración técnicas de corte más lineal con el proceder sistémico; o con un artículo sobre los tradicionales genogramas pero aplicados a un contexto muy novedoso: el estudio del consejo genético, tema puntero en nuestra actualidad por las cuestiones de bioética que lleva también asociado; desde Francia nos llega un trabajo sobre constelaciones familiares, que además está realizado por una enfermera que trabaja en el campo de la salud mental, por tanto es una experiencia alternativa.

En un llamado de solicitud de trabajos para publicar desde las corresponsalías, para que estuvieran más presentes en Mosaico, desde las islas afortunadas, Julia Hernández Reyna ha hecho un espectacular trabajo de recopilación histórica de los inicios de la Terapia Familiar y cómo ha ido creciendo por la insularidad. ¡Gracias Julia por el esfuerzo!, esperemos que los demás corresponsales puedan hacer algo así, sería muy hermoso que los que no hemos estado en los inicios pudiéramos aprender cómo hemos llegado a ser, por lo que otros plantaron.

Tenemos dos entrevistas muy interesantes desde profesionales de habla hispana que trabajan en EEUU, una argentina y un puertorriqueño, una en el M.R.I. y el otro en el Centro Roberto Clemente, ambos trabajando principalmente con familias emigrantes. Me parecen experiencias de las que deberíamos observar con mucho detenimiento dado que nosotros ahora estamos en situación de aprender de ese fenómeno en los que ellos nos llevan décadas de adelanto.

Y vamos a celebrar lo que iniciamos en el número anterior, que por suerte continúa, seguimos intercambiando experiencias y entusiasmo con nuestros queridos vecinos portugueses de la SPTF, Mosaico va a seguir distribuyéndose en Portugal y cada vez vamos a intentar que la parte portuguesa tenga el mismo formato que la española para que podamos compartir también su agenda de actividades y las noticias.

Olga B. Díez Puig, DIRECTORA DE MOSAICO

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El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos.