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Mosaico 90: Trauma y Terapia Familiar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos. Los sistémicos sostenemos que las teorías y tratamientos centradas en una perspectiva lineal presentan limitaciones y, por el contrario, entendemos como sus efectos atraviesan a las familias y a las distintas generaciones. Para obtener mayor eficacia en la intervención necesitamos herramientas con una mirada relacional que permita acompañar el sufrimiento, transformar la narrativa y facilitar el cambio.

Y así debieron pensar en la Asociación Aragonesa el año pasado para organizar la jornada “Abordando el trauma en terapia familiar: Herramientas para la prevención y reparación”, verdadero germen de este monográfico coordinado por Blanca Armijo que, no solo ha hilvanado brillantemente las reflexiones expuestas en Zaragoza, sino que hizo la invitación a participar a más miembros de la familia sistémica. Y esa respuesta es el resultado de esta publicación, demostrando que los terapeutas familiares entendemos del trauma.

Este número de Mosaico se adentra de lleno en esa complejidad y reúne experiencias, reflexiones y recursos terapéuticos que nos invitan a revisar cómo trabajamos desde nuestras consultas y equipos. Recursos terapéuticos que van desde la intervención en crisis hasta la resiliencia, pasando por la mentalización y la familia de origen del terapeuta. Experiencias en contextos tan distintos como la consulta privada o una unidad de hospitalización breve. Problemas tan distintos, pero a la vez tan traumáticos como son las adicciones, las relaciones basadas en un exceso de control o el abuso sexual intrafamiliar. Caracterizando al enfoque relacional como clave para comprender el trauma y abrir nuevos caminos de crecimiento.

Ilustra este monográfico experiencias del Congreso de Barcelona que nos vuelven a transportar a aquellos días de unión y aprendizaje, lo que nos recuerda el impacto y las aportaciones que generó y que aquí celebramos publicándolas. Por cierto, ya están abiertas las inscripciones para el próximo Congreso que se celebrará en Oporto, con lo que pronto podremos volver a encontrarnos. En la última página tenéis la información.

Y como ya se acerca el verano y, con él, más tiempo para la lectura, Sara González nos hace una recomendación literaria de uno de los autores más prolíficos de nuestra comunidad: Ricardo Ramos y su reciente libro “La terapia como empeño colaborativo. Cambio, colaboración profesional y conflicto”

Desde estas líneas queremos agradecer profundamente a cada autor y autora por su generosidad y compromiso, y a quienes cada día hacen posible que este proyecto siga siendo un lugar de encuentro y pensamiento crítico para la comunidad sistémica. Esperamos que este número sirva para seguir abriendo espacios donde el trauma pueda ser nombrado, comprendido y, sobre todo, que las familias puedan sentirse seguras y acompañadas.

Sergio Siurana

Director de Mosaico

Mosaico 81: Las emociones como agentes de cambio en terapia de pareja y familia: renovando las conexiones y los vínculos.

Dejo sobre la mesa el libro que estaba hojeando, urgido por la necesidad de escribir este editorial que ahora están ustedes leyendo. Suelo hacerlo cuando el número ya está casi listo para llegar a sus manos, casi siempre satisfecho por los resultados del esfuerzo que tuvimos que realizar para sacarlo adelante. Es justo ese instante antes de dejarlo ir, cuando recuerdo el entusiasmo de quienes escribieron sus artículos, el trabajo hecho con cariño y cuidado de quienes compilaron y dirigieron el monográfico, el esfuerzo de quienes corrigieron, valoraron y dieron el último vistazo a los originales; es decir, es el momento en que se puede mirar el bosque y distinguir cada uno de los árboles que lo conforman: el instante de darle una última vuelta de tuerca -provisional- a alguno de los temas que aquí aparecen, cuando me pongo a escribir las páginas que abrirán el ejemplar.

El trabajo terapéutico centrado en las emociones. Importante tema sobre el cual nuestra compañera Lola Fatás ha hilvanado la complicidad de una serie de autores y autoras de especial relevancia en este ámbito, con largos años de experiencia, logrando un excelente monográfico. Lo primero que diré, pues, es esto: léanselo ustedes.

Y disfrútenlo.

Si nos adentramos en la historia del movimiento sistémico, habría que remontarse a comienzos de los años 90, cuando en Sorrento la European Family Therapy Association (EFTA) organizó un congreso encabezado por el título de Feelings and Systems, con el objetivo explícito de dar entrada en el mundo sistémico al tema de los sentimientos y los afectos, para contrarrestar el enorme peso que hasta entonces había venido teniendo el lenguaje verbal en las intervenciones relacionales. Fue todo un éxito, que contribuyó a dar una vía expedita a las emociones en terapia.

No fue sólo este Congreso, por supuesto, el acontecimiento europeo que influyó para que lo emocional tuviera mayor presencia en el mundo sistémico. En el otro extremo del planeta, en América, muchos de los primeros terapeutas, los llamados pioneros, cuyos orígenes formativos se hallaban ligados primordialmente al mundo psicodinámico, también habían plasmado la importancia del valor terapéutico de la respuesta emocional por parte de los propios terapeutas, tanto durante su formación (Bowen y el uso del genograma formativo) como en el mismo ejercicio de la actividad terapéutica (Whitaker y sus análisis de la contratransferencia terapéutica). No podía ser de otro modo, so pena de amputar una parte esencialísima del ser humano y su naturaleza relacional, de no haber tenido en cuenta cómo las emociones y los afectos tiñen de intensidad variable la totalidad de nuestras vidas y el sentido de nuestras acciones.

Conviene hablar de las emociones en este momento convulso que nos está tocando vivir. Emociones que amplían y nos expanden, como la alegría o el amor; y emociones que nos repliegan y apagan, como el miedo o el temor. De estas últimas tenemos noticias de sobras y con ellas abrimos los noticiarios y sus tragedias cada mañana.

Es escaso lo que los terapeutas podemos hacer para cambiar el mundo, y menos aún si tenemos en cuenta la difusa atención que otorgan los poderes públicos y los poderosos a lo que nosotros podemos sugerir en relación a la salud psicológica de las personas. Pecaríamos de ingenuos si considerásemos nuestra capacidad de influencia como decisiva para producir cambios sociales de envergadura. Sin embargo, desde otro punto de vista, más aferrado al mundo cercano de las relaciones interpersonales, es mucho lo que sabemos hacer cuando acompañamos a los individuos y a las familias y les ayudamos a transitar por sus “valles de dolor” existencial.

Grande es ahí nuestra responsabilidad, persona a persona y familia a familia.

Como la piedra que cae sobre la superficie remansada de un estanque, así generamos nosotros, en la interacción, con nuestras intervenciones expertas, pequeños pero profundos y a veces incluso definitivos cambios. Los profesionales bien formados, con experiencia de la vida y sin temor de ir al encuentro emocional de otros seres humanos, adquieren a lo largo de su experiencia ese don preciado que Yalom llamó el don de la terapia. Nuestro orgullo terapéutico y, con él, nuestra humildad ecológica, como tantas veces le escuché repetir a mi maestro Linares.

Por eso, cuando una terapia resulta eficaz y exitosa, la vida de las personas se vuelve para ellos más intensa y marca siempre un antes y un después, en cuyo quicio nos encontramos quienes nos dedicamos a esta profesión. Uno de los más vivos placeres de la terapia es el de asistir como observador privilegiado a cómo las personas tornan a hacerse responsables de sus propias vidas y de sus elecciones, alejándose de ese modo de la fantasía de que alguien más fuerte que ellos mismos les salvará o les cuidará para siempre. Complace captar cómo desobstruyen los canales por los cuales empieza a circular de nuevo el amor nutricio, generando así nuevas formas de cuidado y afecto; y cómo se trenzan los vínculos poco antes debilitados y las pertenencias, junto al respeto de cada individualidad que se levanta ante nuestros ojos. Actuamos como testigos de tal transformación, que, como muestran los autores que escriben en el monográfico de este número, se produce en el plano subjetivo de las emociones que, desde hace ya más de treinta años, los sistémicos hemos vuelto lentamente a incorporar como parte de la propia experiencia terapéutica, formativa y profesional.

No es poco en este tiempo de tribulación.

Contemplo la negra tapa del libro que dejé al comenzar a escribir estas líneas: “Un terrible amor por la guerra”, del jungiano James Hillman, y pienso en esta tarea en la que empeñamos la vida: acompañar, sostener, generar confianza en las capacidades de las familias. Esas mismas familias que, en su propio proceso, también nos sanan y ayudan, balsámicamente, a reconciliarnos con este mundo que hoy sufre de una gran aflicción. La de siempre, la de ahora.

Mosaico 46: Intervención en niños y adolescentes en diferentes contextos. (PARTE II)

En primer lugar quiero comenzar haciendo un merecido recordatorio a Ricardo Sanz que nos ha dejado en el pasado mes de junio, y por supuesto hemos dedicado un espacio más que merecido a nuestro querido maestro.

Pensareis que acabamos de tener un Mosaico en las manos y ya viene el siguiente. Queríamos que antes de celebrar nuestras Jornadas en Cuenca saliera el siguiente número y sabéis que este año las hemos adelantado, y ese ha sido el motivo.

En este Mosaico recogemos un artículo de Rodolfo de Bernat que fue parte del material del I Congreso Ibérico, pero que no dio tiempo a publicarse en el número correspondiente.

Desde Barcelona nos llega un material de trabajo con familiares de enfermos mentales graves y sus familiares. Una experiencia llevada a cabo en el hospital de día y vinculado al proyecto EMILIA.

Continuamos con la segunda parte del monográfico Intervención en niños y adolescentes en diversos contextos, y mantengo mi felicitación a Antonio León por la excelente calidad de las aportaciones realizadas a ambos monográfico, fruto de un admirable esfuerzo.

Hemos recuperado secciones que por diversas cuestiones habían quedado sin cubrir, tenemos entrevista y recensión. Animo a los lectores que se atrevan a mandarnos material, y no necesariamente tienen que ser artículos pueden tener lugar estas secciones que recuperamos, o en otras, echamos de menos tener investigaciones o casos.

En la edición portuguesa, no hemos podido armar en esta ocasión un monográfico, pero el material es de muchísimo interés y se ha estructurado en tres áreas diferenciadas.

Inauguramos un nuevo apartado que se llama “Otras voces”, en el que recogeremos aportaciones desde corrientes diferentes a la sistémica, por medio del trabajo de profesionales que trabajan con familias. Arrancamos con la Psicología Humanista. Estoy realmente orgullosa del artículo con el que comenzamos, Marta Guberman fue una de mis docentes en el posgrado de psicooncología que cursé en la Universidad de Favaloro en Buenos Aires, y de una forma generosa respondió a mi petición con cariño y rapidez. Espero que el trabajo que nos ha enviado os complazca y emocione como me ocurrió a mí siendo su alumna, y leyendo lo que nos invita a compartir.

Espero que podáis disfrutar de un buen verano, y nos encontraremos en el siguiente número de Mosaico con el monográfico dedicado a los trabajos que se presentes en nuestras próximas jornadas de FEATF en Cuenca.

Olga B. Díez Puig DIRECTORA DE MOSAICO

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Trauma y Terapia Famiilar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos.