Etiqueta Descargar: Acreditación

Mosaico 61: La pareja

La pareja es una realidad relacional que casi nunca afecta solo a dos. Pensarla en tan reducido territorio es, con frecuencia, una de las fuentes de error y conflicto en que podemos caer, por descuido, y no sólo como terapeutas, sino también como parte implicada en una tal relación. Grabémoslo en dura piedra: la pareja es siempre más de dos.

Es la pareja la punta de lanza de historia que heredamos transgeneracionalmente y suele ser, también, el comienzo de un capítulo que queremos creer que inaugura un tiempo nuevo en esa continuidad fluida en que consiste nuestra vida. En ella confluyen los viejos mapas del mundo que elaboraron las generaciones que nos precedieron, junto con las expectativas de un futuro más pleno y feliz que, sin duda, nos aguarda en alguna parte. Por ella tratamos también a menudo de resolver el nudo gordiano que existe entre la individuación y la pertenencia. La pareja, como forma de organización universal, tiene evidentes ventajas evolutivas para la especie; es, así, el territorio de nuestros anhelos de plenitud existencial, la promesa encarnada de que ya nunca estaremos solos. Nos arraiga en el tiempo y nos lanza en cierta medida a la inmortalidad, pues suele ser el comienzo de un proyecto de familia, de una realidad que necesita del futuro para realizarse.

No es extraño que ese Atlas, sobre cuyos hombros depositamos el orbe entero de nuestras expectativas más secretas, acabe lamentando su dura suerte o quejándose de sobrecarga muscular. Lo verdaderamente extraño sería que ocurriera lo contrario. La pareja, que se formó para la continuidad, tiene siempre los días contados y ningún mandato se le puede aplicar con mayor tino que aquel que invita a renovarse o morir. Lo que nos enamoró al principio acostumbra a ser, pasados los años, origen y causa de la mutua decepción. En el mismo comienzo del amor está ya larvado el desamor La amabas porque era discreta y pudorosa y ahora te quejas de tener que estar arrastrando solo el pesado fardo de la vida en común, porque ella carece de iniciativa. Te enamoró que fuera tan espontáneo y abierto y ahora te abruma estar siempre rodeada por sus amigotes, con la intimidad en estado de sitio o completamente rendida a la invasión de la vida social. Es como si el amor, que fundó la pareja, se hubiera agostado con el paso del tiempo y aquel espacio de felicidad sin límites se hubiera convertido en una estrecha jaula de la que es costoso escapar. Los terapeutas acostumbramos a ser testigos privilegiados de estos contundentes pasos de baile entre el delirio y la desazón. Como activadores del cambio, sostenemos a la gente para que tome las mejores decisiones posibles sobre su vida, aceptando también que a menudo ni son fáciles ni, por supuesto, indoloras, pero que nadie puede tomarlas por ellos. Cualquier acción humana no puede dejar indiferente a quien la lleva a cabo. Todas despiertan emociones y consolidan creencias.

A día de hoy ya son pocos, afortunadamente, los que sostienen que el amor lo puede todo o que la separación es un fracaso irreparable más que un acontecimiento posible del prolongado ciclo vital que disfrutamos. Vivimos una época que nos empuja a tomar decisiones teniendo más en cuenta nuestras necesidades individuales y careciendo de modelos fuertes que antaño sirvieron para canalizar tales decisiones. Somos gregarios, pero la modernidad nos ha hecho mucho más individualistas que a nuestros abuelos. Así que ahora pensamos que es en este territorio de la pareja donde nos jugamos en parte la felicidad y el pleno desarrollo de nuestras capacidades y logros, que la vida corre en una sola

dirección y que hemos nacido para la dicha y la plenitud, mucho más que para el sacrificio o el sufrimiento. Que acaso serán inevitables, pero no son buscados ni queridos. En esta vocación inalienable de la felicidad encontramos el amor o tropezamos con el desamor. La pareja es, pues, una parte de nuestra circunstancia pero también de nuestro propio destino existencial. Que se siga reflexionando sobre ella así lo pone de manifiesto.

Javier Ortega Allué Director de Mosaico

Mosaico 06: Algunas Reflexiones Sobre la Formación

En el nº 9 de la publicación argentina Perspectivas Sistémicas (enero, 1995), en un artículo de Francine Shapiro, se recoge la siguiente anécdota: en una conversación alguien le preguntaba a un terapeuta que decía hacer Terapia Familiar en donde se había formado. «¿Cuál es el problema?, contestó. «Soy terapeuta y nací en una familia. ¿Qué más necesito?»

Esta actitud naif que aparece ocasionalmente suele tener una rápida cura: en efecto, suelen ser suficientes unas cuantas entrevistas familiares para descubrir que son necesarios unos conocimientos y habilidades que requieren un período previo de formación.

Que la Formación es necesaria es un tema que admite poca discusión. Otra cosa es discutir qué tipo de formación, cuántas horas requiere, cómo distribuirlas, si se precisa o no una formación personal, etc. Para una completa información sobre el tema remitimos al lector a las Actas de las XV Jornadas Nacionales de Terapia Familiar (Vitoria, 1994), que versaron precisamente sobre «La Formación en Terapia Familiar».

En el desarrollo de la Terapia Familiar, clínica y formación han seguido una evolución muy estrecha, posiblemente más que en otras disciplinas similares. Quizá esto se haya debido a la particularidad de la expansión de la Terapia Familiar, efectuada rápidamente y sin que la formación se integre en otras estructuras educativas, por lo que los propios clínicos que la practicaban han debido ser siempre los que conjugaran esta práctica clínica con el entrenamiento, la formación de nuevos terapeutas.

Hoy en día, con la Terapia Familiar todavía en expansión, ocupando nuevos campos de ese amplio espacio sociosanitario, la formación sigue jugando un papel central en el desarrollo del abordaje sistémico relacional, por lo que no es de extrañar que la labor de la Federación haya estado centrado en buena parte en ese capitulo.

La Federación ha seguido en el tema de la formación un camino muy estructurado. En principio se partió de la necesidad, el interés de establecer unas bases mínimas para la práctica de la Terapia de Familia, es decir, unos Criterios Mínimos de Acreditación de Terapeutas de Familia. Una vez establecidos esos Criterios Minimos, parecía clara la necesidad de entrar en el tema de quién era capaz de formar a los interesados para acceder a esta titulación de Terapeuta de Familia. Así, el siguiente paso fueron los Criterios para Acreditación de Docentes en Terapia Familiar. Se crearon tres niveles: Colaborador Docente, Docente y Supervisor, con una escala progresiva para acceder a cada uno de ellos. Naturalmente, esos docentes tendrían que desarrollar unos programas para permitir la formación de los terapeutas, por lo que el paso siguiente fue el de acordar un Programa Mínimo de Formación de Terapeutas de Familia.

Pero no sólo nuestros programas de formación van dirigidos a formar Terapeutas de Familia, sino que se ha visto la necesidad no sólo aquí, sino también en otros países, de procurar una formación a aquellas personas que no están interesados propiamente en hacer una terapia familiar, sino que lo están más en hacer intervenciones familiares, intervenir en el contexto, en sus propias estructuras de trabajo, etc. Así, la Comisión de Formación y Docencia de la Federación trabaja actualmente en un programa intermedio que proporcionará una titulación de «Experto en Intervenciones Sistémicas», cuyo borrador, junto con Criterios Mínimos para acreditación de Terapeutas de Familia, de Docentes y Programas de Terapeuta Familiar, lo podrás encontrar en las páginas interiores del Boletín, en el Monográfico dedicado a la Formación.

Es imprescindible señalar el interés que se ha puesto, por parte de la Federación, en que todo este proceso sea lo más abierto posible. Para ello, la J.D., a través de su Comisión de Docencia, convocó desde un principio a todos aquellos Grupos/Centros/Escuelas de Formación, que estaban, en relación directa con la FEATF, y de los que se tenía noticias. De esta manera, en las tres «Asambleas Docentes» convocadas hasta la fecha, han participado más de cien representantes de los diversos G/C/E de Formación así como de las Asociaciones Miembros de la FEATF. Todos han podido dar su opinión, y los programas se han consensuado cuando ha sido posible, y cuando no, se han decidido por votación mayoritaria.

El siguiente paso lógico será, a partir de estos programas, proceder a acreditar por parte de la Federación a las escuelas, los centros y los grupos de formación que considera que están capacitados para desarrollarlos. Por lo tanto, se procederá a avalar a todos aquellos Centros/Grupos/Escuelas de Formación que cumplan los requisitos establecidos y así lo soliciten.

¿Y cuáles serán los próximos pasos, hacia dónde se dirigirá la FEATF en el tema de la Formación? Un aspecto ya comentado en algunas asambleas es el de establecer algún sistema de formación para Docentes, es decir, para todos aquellos terapeutas familiares que estén interesados en acreditarse como docentes de terapia familiar. Una posibilidad, es que desde la Federación, como algunos han sugerido, se establezca un programa de formación de docentes en terapia familiar. Un programa que sería complementario con el de los centros/grupos/escuelas de formación, y que de alguna manera tendría que salir de las necesidades de estos propios centros para la formación de un personal docente.

Últimas noticias de la FEATF

Actividades y asociaciones

Revista MOSAICO

Trauma y Terapia Famiilar

El trauma, en sus diversas formas de mostrarse, deja huella en los cuerpos, en las mentes, en las historias y, por supuesto, en los vínculos.