El VI Congreso Ibérico y la 44º CNTF, cuyos trabajos reunimos en este número, fue mucho más que un encuentro académico, como ha señalado Sergio Siurana, director de Mosaico, en la editorial de este número. Este congreso volvió a recordarnos algo esencial: que detrás de cada aportación científica, de cada investigación y de cada experiencia clínica compartida, hay una comunidad viva, profundamente unida por una historia común y por una manera particular de comprender las relaciones humanas.
Cada tres años, las comunidades sistémicas de Portugal y España nos reencontramos para pensar, conversar y celebrar juntas. Desde aquel primer congreso celebrado en Barcelona en el ya lejano 2009, hemos construido un tejido de vínculos que va mucho más allá del intercambio profesional. Año tras año, país tras país, nos hemos ido reconociendo en lo que compartimos, acogiendo con afecto nuestras diferencias, y celebrando una fraternidad que, lejos de diluirse, se vuelve cada vez más sólida.
La edición de 2025, celebrada en la ciudad de Oporto, nos brindó nuevamente una experiencia extraordinaria. Además de la riqueza científica —que fue mucha y diversa—, vivimos esos momentos que solo se dan cuando una comunidad se encuentra desde la autenticidad: conversaciones profundas entre sesiones, aprendizajes inesperados alrededor de una mesa, pequeñas confidencias entre cafés y, cómo no, algún baile que también nos hizo compartir vida y diversión.
En un momento histórico en el que tan a menudo se subrayan las diferencias como fronteras, me parece importante reivindicar lo contrario: que la diversidad nos enriquece, que la semejanza nos une y que lo verdaderamente valioso emerge cuando somos capaces de mirarnos unos a otros con una mezcla de curiosidad, cariño y respeto profesional. Este congreso ha sido, una vez más, un ejemplo de ello.
Ojalá sepamos llevar este espíritu más allá del propio encuentro: a nuestras instituciones, a nuestras organizaciones, nacionales e internacionales, a nuestros equipos y, por qué no, a nuestras relaciones personales. Hemos de cultivar una mirada amplia, generosa y la convicción de que el bien común debe situarse siempre por encima de los intereses individuales.
Con ese deseo sincero, te doy la bienvenida a estas páginas y al año que comienza, esperando que 2026 sea un tiempo guiado por la profesionalidad, la colaboración y el servicio que tan profundamente identifican a nuestra comunidad.
Jorge Gil Tadeo
Presidente FEATF